viernes, marzo 23, 2007

Catacumba

Voy a tratar de hacer de esto una tira... Veremos.
Para inaugurar; las dos primeras entregas!



1


La cárcel se ha convertido en una perspectiva posible y probable.
El deterioro irrefrenable y en aceleración carcome infatigablemente. En algún momento se me empezó a caer el pelo y después, de un pestañeo a otro, se me agrietó la piel. Una mañana frente al espejo, en camino al laburo.
En este momento Kitchner, vigotón, vigotín y Cristina, jeje; se engrasan los dedos en cordero y después se los meten en el culo mutuamente.
Quién les dio el mundo a estos giles,?
El amor?... Siempre escaso, insuficiente, incierto. Pasa, provocador; pero siempre vuelve a partir.
El vil metal es el latido. Marcha al ritmo de la hoz cortando cabezas.
Arto de presentar excusas. Desiste y relájate; estás perdido.
Tú, cándido gorrión. Ilusa criatura. Juntarás ramitas pero no podrás engarzarlas; nunca armarás el nido!
Primero se estropeó la compu. Después empezó a fallar seguido la gran camioneta. Todos teníamos algo de panza y podíamos comer casi todo lo que se nos antojaba.
No nos ayudes más! Por favor dios mio! No nos ayudes más!
Pocas cosas han sido permanentes en estos cuarenta años: Mi nombre. Y ese pavoroso estado melancólico que no cesa nunca!
Hacha y tiza; hacha y tiza con la tristeza.
Ya lo dijo algún griego: “Lo mejor que te pudo haber pasado, es no haber nacido”.
Es esa misma melancolía. Que es una sola, desde siempre. Y que se arrastra por el mundo a mares.
Todo es significativo; quitarle la propina al mozo para dársela a un mendigo. Pichulear 5 cvos. en el bondi.
No hay derecho.
El porno esta bien, pero aburre. Un amigo decía que la paja era el sexo perfecto… Puede ser, no? Pero mejor dos putas de Internet.
El sexo si es escaso. Más escaso que el amor quizás!.
Alguna noche drogado hasta el hartazgo, tan incapaz de acercarme a la chica, aunque ella se insinúe.
Cuánta crueldad en el diseño de la sique!... Está bien aplacarla.
“Vete de mi cuervo negro…Vete ya”
Cuando pasaste el “paquete por día”, estás frito. No volvés más.



2


El buey solo bien se lame. Pero este no es el caso.
Solo y sin un mango, José Luís repasa sus penas apoyado en el caño del 93 que vuelve lleno de hippies desde plaza Francia.
Domingo. Ya oscuro. El colectivo bambolea en el adoquín. Y todos cabecean.
Las chicas están hermosas. Jóvenes, animadas. De piel tersa y escotes henchidos.
José Luís las mira sin disimulo; hasta se atreve con una y le roza el muslo tierno. Por un momento se le detiene el corazón… y al cabo arranca excitado. Un leve roce, solo percibido por él y por la víctima, pone la mente de José Luís en blanco. La pibita se aviva y se escabulle mirándolo con asco… es divina!
José Luís se encorva y esconde la cara. Adiós su último intento.
Ya había recorrido la plaza sin éxito durante toda la tarde. Se había enamorado mil veces y otras mil había sentido esas erecciones.
Los escotes del verano, las botas… La increíble y arrolladora vitalidad despreocupada.
Hubiera dado cualquier cosa por un abrazo apasionado. En cambio, volvía solo una vez más a su cuchitril.
José Luís espía por el parabrisas y encara la puerta. Toca el timbre. Mientras espera siente la mirada de la piba pero no se atreve a voltear.
El colectivo frena acomodando el ganado y José Luís se baja en la refrescante bocanada de aire puro.
Desde la vereda gira y ve a la pibita arrojarle un beso largísimo desde adentro del bondi.
Camina hasta su departamento. Un monoambiente con balcón terraza en un octavo piso, hermoso; cuyo alquiler no paga desde hace meses.
Adentro un despelote. Ropa usada, la cama desecha. Pilas de platos sucios. José Luís tira sus cosas sobre otras cosas tiradas, y se echa en la cama. Enciende la tele. Que no sabe cómo, aún funciona!