Serotonina. Divino Tesoro I
Aca empieza otra serie de entregas. Se trata del guión de un largometraje que iré publicando parcialmente.
Ahora, las primeras escenas.
Serotonina. Divino tesoro
En progreso
11-04-05
(E 381617)
Fondo negro. Sobreimpreso:
“Con el hilo de tu madeja, teje la vida su telaraña”...
(Comienza el tic tac de un reloj que estará presente durante toda la película.)
Corte a:
Exterior día / En la Autopista
Como un bólido aparece el Focus saliendo de la curva.
Ruge el pavimento debajo de las ruedas.
Corte.
En la cabina presurizada vibra el velocímetro y cascabelean encima de la luneta mil latas de cerveza.
Sentado al volante con los ojos enrojecidos, Ezequiel lucha contra el cansancio refregándose los ojos.
Martín fuma y mira hacia fuera por la ventanilla.
En el asiento de atrás Guadalupe y Ramiro duermen apoyados uno en el otro.
Corte.
Silban los perfiles del coche cortando el viento. La línea punteada se pierde debajo del auto a la velocidad del rayo.
Corte.
Ezequiel se estira para alcanzar una botellita de agua. La destapa con los dientes y se la vacía en la cabeza.
Por un momento cierra los ojos.
Cuando los vuelve a abrir varios autos se amontonan en una zona congestionada detrás de una ondulación del camino.
Chillan las gomas bloqueadas del Focus.
Corte a:
Interior noche / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe:
La mano de Ezequiel lleva y trae el disco de vinilo que chilla un poco bajo la púa.
De pronto lo lanza y estalla con potencia demoledora algún remix de Carl Cox.
Fiesta de egresado en el departamento de los chicos.
Ezequiel parado detrás de las bandejas, deja los auriculares y comienza a bailar y a moverse al ritmo frenético de la música.
Algunos chicos y chicas están tirados en sillones y conversan a los gritos.
Van y vienen cervezas, porros, cocas, aguas y algunas botellitas de jalea real. En otro sillón, Guadalupe sentada sola saca fotos con una cámara digital.
Otros chicos bailan en medio de la sala.
Gente que entra y sale rumbo al baño, a la cocina, al balcón.
Nadie supera los 22 años.
El volumen de la música es tan alto que no se escucha otra cosa. Hay media luz; luces de colores, lluvia de estrellas.
En algunos rincones más oscuros las parejitas se besan y toquetean.
Parado junto a Ezequiel está Ramiro que manos en los bolsillos, apenas se mueve tímidamente al compás.
Guadalupe desde su lugar no para de mirar y fotografiar a Ramiro que ni cuenta se da.
Tirado en el piso, ya medio borracho, Martín bebe otra cerveza y mira la fiesta distante, y algo aburrido.
De pronto se abre la puerta del palier y entra Sol acompañada por un par de pibas más.
Llega hecha una diosa.
Alocadamente patea la puerta y reparte unos piquitos a diestra y siniestra.
El flequillo de pelo negro le llega casi hasta las cejas; y rematan la melena dos colitas inocentes. De piel blanquísima con los labios rojos y los ojos negros; lleva puesta una camisita blanca de uniforme que no alcanza a cerrarse del todo sobre sus hermosos pechos bien afirmados por un corpiño de encaje; una pollera tableada de estudiante, soquetes y zapatitos abotinados.
Apenas entra ya está bailando sugestivamente y muchos aplauden esa entrada tan histriónica.
Trae algunos útiles en la mano y sin dejar de bailar se sube sobre la mesita ratona pateando al suelo vasos y botellas.
Parada ahí arriba se contonea sugerente al ritmo del tecno mientras destroza los libros y carpetas que trae en la mano y tira por el aire los pedazos de papel.
Caen al piso fórmulas matemáticas, mapas isotérmicos, retratos de próceres.
Guadalupe ríe y saca mil fotos de la escena. En un momento repara en Ramiro que embobado y con la boca abierta mira el despliegue de Sol sobre la mesita.
Ezequiel ríe a carcajadas mientras se calza de nuevo los auriculares.
Martín se apoya mejor en la pared para disfrutar del espectáculo.
Cuando ya ha destrozado todos los útiles, Sol levanta los brazos y agradece los aplausos.
Baja de la mesita y se tira en el sillón junto a Guadalupe que ha vuelto a sentarse.
Agitadísima se bebe en un largo trago una botellita de agua entera y después agarra a Guadalupe de las mejillas y la saluda con un largo beso en la boca.
Guadalupe ríe y se limpia los labios con cara de asco.
Sol se tira hacia atrás para recuperar el aliento apoyando la cabeza en el sofá.
Sobre el final del tema, Ezequiel ensaya un enganche perfecto.
La fiesta continúa.
Alguien abre la puerta y entra un muchacho con varias cajas de pizza y se abre paso como puede entre la semi oscuridad y los chicos que bailan a los saltos.
Ezequiel deja los auriculares y se acerca hasta Guadalupe y Sol que se acaba de sentar.
Saluda a la recién llegada con un beso y le festeja la gracia que acaba de hacer. Cuando se está alejando, Sol le tironea la remera. Ezequiel mete la mano en el bolsillo y le deja una pastillita roja sobre la palma de la mano extendida.
Guadalupe mira a Ramiro en el diplay de la camarita y este empieza a acercarse tímidamente, como es él.
A medida que se acerca Guadalupe no le saca los ojos de encima, entonces empuja a Sol para hacerle lugar entre el posabrazos y ella, pero Ramiro va a sentarse junto a Sol a la que saluda con un beso. Sol le responde casi con indiferencia y se pone a conversar con Guadalupe y otra piba que está por ahí cerca en el piso.
Ramiro se queda quietito, con las manos juntas sobre el regazo, tratando de mirar disimuladamente las piernas de Sol enfundadas en unas medias caladas.
Martín, que ha vuelto a aburrirse, se levanta y tambaleándose se pierde en la cocina.
Ezequiel revisa entre los discos de su caja hasta que encuentra lo que está buscando: Layo & Bushwaka en Ibiza. Saca el vinilo de la funda y lo calza en la bandeja desocupada. Se pone los auriculares para escuchar un previo, mueve hábilmente la púa y el disco hasta que encuentra el track que busca y entonces, cuando se dispone a mezclar, se percata del lugar vacío que ha dejado Martín.
Lo busca por toda la estancia con la mirada y nada. Están Ramiro, Sol, Guadalupe y todos los demás, pero Martín no.
El tema que está sonando se le empieza a terminar por la distracción y entonces manda apurado el enganche un poco desprolijo, cosa que todos reciben con abucheos y cargadas.
Ezequiel se ríe, pide disculpas en broma y retoma lo suyo.
Empieza a sonar It´s Up To You y Sol enloquece. Desenfrenada se lanza a la pista y se pone a bailar frenética y sensual con uno de remera roja.
Guadalupe y Ramiro se han quedado solos y calladitos sentados lado a lado. Disimuladamente Guadalupe se acerca un poco a él ocupando el lugar vacío.
Corte a:
Interior noche / En la cocina del lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe
Martín y un par de amigotes conversan y fuman porro apoyados en la mesada de la cocina que también está llena de gente.
Cuando la tuca ya está chiquitita, Martín la apaga sobre la lengua y después se la traga.
Camina hasta la heladera, se pierde dentro de ella y saca una botella de cerveza que bebe con fruición.
Después les hace una seña a los otros para que lo acompañen.
Y arrastrando a uno que es más rezagado se pierden en el pasillo oscuro que lleva al área de servicios.
Corte a:
Interior noche / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe
Ezequiel deja otra vez los auriculares y vuelve a recorrer el salón con la mirada para comprobar que Martín no ha vuelto.
Como ahora nadie baila, deja puesto un disco de Infeccious Grouves que arranca con una larga intro.
Corte a:
Interior noche / En la habitación de servicio del piso de Ezequiel y Guadalupe
En penumbras la muchacha de la casa, Loly, una linda mujer de unos treinta años duerme plácidamente.
De pronto la puerta se abre violentamente dejando entrar un poco del sonido que viene de la fiesta y recortando las siluetas de Martín y sus dos amigos. Loly se despierta sobresaltada y sentándose en la cama pregunta:
Loly:
Quién es, qué pasa?
Enciende el velador.
La puerta se cierra con un estruendo y Martín se abalanza y se le tira encima.
Loly grita y trata de resistirse pero es inútil.
Corte a:
Interior noche / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe
Ezequiel deja sus cosas y se interna en la casa.
El disco gira bajo la púa.
Durante toda su caminata, poco a poco va creciendo en intensidad y volumen la canción que ha dejado puesta.
Busca en la cocina donde aún están todos esos chicos bebiendo, fumando y conversando.
Abre la puerta del baño donde un par de chicas toman cocaína.
Camina por el pasillo esquivando una pareja que se revuelca en el piso.
Abre un cuarto donde se alcanza a ver un revoltijo de cuatro o cinco personas.
El disco gira bajo la púa. La intro de la canción está a punto de terminar
Detrás de otra puerta encuentra al de remera roja besándole las tetas a Sol.
Hasta que por fin encara hacia la habitación de servicio.
El disco gira bajo la púa.
Ezequiel golpea y abre.
Estalla la canción.
Ezequiel se queda duro esbozando una sonrisa perpleja sin saber que es lo que tiene que hacer.
Adentro los amigos de Martín, riendo estúpidos, sujetan los brazos de Loly y agarrándola de los pelos echan su cabeza hacia atrás.
Loly con el escote del camisón destrozado y las tetas al aire, ríe y se retuerce como tratando de zafar.
Martín, tirado encima de la mujer, la bezuquéa lascivamente y se da vuelta gritando para que Ezequiel cierre la puerta.
Ezequiel, aún azorado, no atina a hacer nada. Simplemente bailotea sobre sus pies y mira pasmado toda la escena.
Nada puede escucharse. Ni los gritos, ni las risas, ni las voces. Los riffs de guitarra y los gritos del cantante lo enmudecen todo.
“Cerrá, cerrá” Insiste Martín abriendo inmensa su boca en una mueca muda.
Funde a negro:
Aca empieza otra serie de entregas. Se trata del guión de un largometraje que iré publicando parcialmente.
Ahora, las primeras escenas.
Serotonina. Divino tesoro
En progreso
11-04-05
(E 381617)
Fondo negro. Sobreimpreso:
“Con el hilo de tu madeja, teje la vida su telaraña”...
(Comienza el tic tac de un reloj que estará presente durante toda la película.)
Corte a:
Exterior día / En la Autopista
Como un bólido aparece el Focus saliendo de la curva.
Ruge el pavimento debajo de las ruedas.
Corte.
En la cabina presurizada vibra el velocímetro y cascabelean encima de la luneta mil latas de cerveza.
Sentado al volante con los ojos enrojecidos, Ezequiel lucha contra el cansancio refregándose los ojos.
Martín fuma y mira hacia fuera por la ventanilla.
En el asiento de atrás Guadalupe y Ramiro duermen apoyados uno en el otro.
Corte.
Silban los perfiles del coche cortando el viento. La línea punteada se pierde debajo del auto a la velocidad del rayo.
Corte.
Ezequiel se estira para alcanzar una botellita de agua. La destapa con los dientes y se la vacía en la cabeza.
Por un momento cierra los ojos.
Cuando los vuelve a abrir varios autos se amontonan en una zona congestionada detrás de una ondulación del camino.
Chillan las gomas bloqueadas del Focus.
Corte a:
Interior noche / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe:
La mano de Ezequiel lleva y trae el disco de vinilo que chilla un poco bajo la púa.
De pronto lo lanza y estalla con potencia demoledora algún remix de Carl Cox.
Fiesta de egresado en el departamento de los chicos.
Ezequiel parado detrás de las bandejas, deja los auriculares y comienza a bailar y a moverse al ritmo frenético de la música.
Algunos chicos y chicas están tirados en sillones y conversan a los gritos.
Van y vienen cervezas, porros, cocas, aguas y algunas botellitas de jalea real. En otro sillón, Guadalupe sentada sola saca fotos con una cámara digital.
Otros chicos bailan en medio de la sala.
Gente que entra y sale rumbo al baño, a la cocina, al balcón.
Nadie supera los 22 años.
El volumen de la música es tan alto que no se escucha otra cosa. Hay media luz; luces de colores, lluvia de estrellas.
En algunos rincones más oscuros las parejitas se besan y toquetean.
Parado junto a Ezequiel está Ramiro que manos en los bolsillos, apenas se mueve tímidamente al compás.
Guadalupe desde su lugar no para de mirar y fotografiar a Ramiro que ni cuenta se da.
Tirado en el piso, ya medio borracho, Martín bebe otra cerveza y mira la fiesta distante, y algo aburrido.
De pronto se abre la puerta del palier y entra Sol acompañada por un par de pibas más.
Llega hecha una diosa.
Alocadamente patea la puerta y reparte unos piquitos a diestra y siniestra.
El flequillo de pelo negro le llega casi hasta las cejas; y rematan la melena dos colitas inocentes. De piel blanquísima con los labios rojos y los ojos negros; lleva puesta una camisita blanca de uniforme que no alcanza a cerrarse del todo sobre sus hermosos pechos bien afirmados por un corpiño de encaje; una pollera tableada de estudiante, soquetes y zapatitos abotinados.
Apenas entra ya está bailando sugestivamente y muchos aplauden esa entrada tan histriónica.
Trae algunos útiles en la mano y sin dejar de bailar se sube sobre la mesita ratona pateando al suelo vasos y botellas.
Parada ahí arriba se contonea sugerente al ritmo del tecno mientras destroza los libros y carpetas que trae en la mano y tira por el aire los pedazos de papel.
Caen al piso fórmulas matemáticas, mapas isotérmicos, retratos de próceres.
Guadalupe ríe y saca mil fotos de la escena. En un momento repara en Ramiro que embobado y con la boca abierta mira el despliegue de Sol sobre la mesita.
Ezequiel ríe a carcajadas mientras se calza de nuevo los auriculares.
Martín se apoya mejor en la pared para disfrutar del espectáculo.
Cuando ya ha destrozado todos los útiles, Sol levanta los brazos y agradece los aplausos.
Baja de la mesita y se tira en el sillón junto a Guadalupe que ha vuelto a sentarse.
Agitadísima se bebe en un largo trago una botellita de agua entera y después agarra a Guadalupe de las mejillas y la saluda con un largo beso en la boca.
Guadalupe ríe y se limpia los labios con cara de asco.
Sol se tira hacia atrás para recuperar el aliento apoyando la cabeza en el sofá.
Sobre el final del tema, Ezequiel ensaya un enganche perfecto.
La fiesta continúa.
Alguien abre la puerta y entra un muchacho con varias cajas de pizza y se abre paso como puede entre la semi oscuridad y los chicos que bailan a los saltos.
Ezequiel deja los auriculares y se acerca hasta Guadalupe y Sol que se acaba de sentar.
Saluda a la recién llegada con un beso y le festeja la gracia que acaba de hacer. Cuando se está alejando, Sol le tironea la remera. Ezequiel mete la mano en el bolsillo y le deja una pastillita roja sobre la palma de la mano extendida.
Guadalupe mira a Ramiro en el diplay de la camarita y este empieza a acercarse tímidamente, como es él.
A medida que se acerca Guadalupe no le saca los ojos de encima, entonces empuja a Sol para hacerle lugar entre el posabrazos y ella, pero Ramiro va a sentarse junto a Sol a la que saluda con un beso. Sol le responde casi con indiferencia y se pone a conversar con Guadalupe y otra piba que está por ahí cerca en el piso.
Ramiro se queda quietito, con las manos juntas sobre el regazo, tratando de mirar disimuladamente las piernas de Sol enfundadas en unas medias caladas.
Martín, que ha vuelto a aburrirse, se levanta y tambaleándose se pierde en la cocina.
Ezequiel revisa entre los discos de su caja hasta que encuentra lo que está buscando: Layo & Bushwaka en Ibiza. Saca el vinilo de la funda y lo calza en la bandeja desocupada. Se pone los auriculares para escuchar un previo, mueve hábilmente la púa y el disco hasta que encuentra el track que busca y entonces, cuando se dispone a mezclar, se percata del lugar vacío que ha dejado Martín.
Lo busca por toda la estancia con la mirada y nada. Están Ramiro, Sol, Guadalupe y todos los demás, pero Martín no.
El tema que está sonando se le empieza a terminar por la distracción y entonces manda apurado el enganche un poco desprolijo, cosa que todos reciben con abucheos y cargadas.
Ezequiel se ríe, pide disculpas en broma y retoma lo suyo.
Empieza a sonar It´s Up To You y Sol enloquece. Desenfrenada se lanza a la pista y se pone a bailar frenética y sensual con uno de remera roja.
Guadalupe y Ramiro se han quedado solos y calladitos sentados lado a lado. Disimuladamente Guadalupe se acerca un poco a él ocupando el lugar vacío.
Corte a:
Interior noche / En la cocina del lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe
Martín y un par de amigotes conversan y fuman porro apoyados en la mesada de la cocina que también está llena de gente.
Cuando la tuca ya está chiquitita, Martín la apaga sobre la lengua y después se la traga.
Camina hasta la heladera, se pierde dentro de ella y saca una botella de cerveza que bebe con fruición.
Después les hace una seña a los otros para que lo acompañen.
Y arrastrando a uno que es más rezagado se pierden en el pasillo oscuro que lleva al área de servicios.
Corte a:
Interior noche / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe
Ezequiel deja otra vez los auriculares y vuelve a recorrer el salón con la mirada para comprobar que Martín no ha vuelto.
Como ahora nadie baila, deja puesto un disco de Infeccious Grouves que arranca con una larga intro.
Corte a:
Interior noche / En la habitación de servicio del piso de Ezequiel y Guadalupe
En penumbras la muchacha de la casa, Loly, una linda mujer de unos treinta años duerme plácidamente.
De pronto la puerta se abre violentamente dejando entrar un poco del sonido que viene de la fiesta y recortando las siluetas de Martín y sus dos amigos. Loly se despierta sobresaltada y sentándose en la cama pregunta:
Loly:
Quién es, qué pasa?
Enciende el velador.
La puerta se cierra con un estruendo y Martín se abalanza y se le tira encima.
Loly grita y trata de resistirse pero es inútil.
Corte a:
Interior noche / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe
Ezequiel deja sus cosas y se interna en la casa.
El disco gira bajo la púa.
Durante toda su caminata, poco a poco va creciendo en intensidad y volumen la canción que ha dejado puesta.
Busca en la cocina donde aún están todos esos chicos bebiendo, fumando y conversando.
Abre la puerta del baño donde un par de chicas toman cocaína.
Camina por el pasillo esquivando una pareja que se revuelca en el piso.
Abre un cuarto donde se alcanza a ver un revoltijo de cuatro o cinco personas.
El disco gira bajo la púa. La intro de la canción está a punto de terminar
Detrás de otra puerta encuentra al de remera roja besándole las tetas a Sol.
Hasta que por fin encara hacia la habitación de servicio.
El disco gira bajo la púa.
Ezequiel golpea y abre.
Estalla la canción.
Ezequiel se queda duro esbozando una sonrisa perpleja sin saber que es lo que tiene que hacer.
Adentro los amigos de Martín, riendo estúpidos, sujetan los brazos de Loly y agarrándola de los pelos echan su cabeza hacia atrás.
Loly con el escote del camisón destrozado y las tetas al aire, ríe y se retuerce como tratando de zafar.
Martín, tirado encima de la mujer, la bezuquéa lascivamente y se da vuelta gritando para que Ezequiel cierre la puerta.
Ezequiel, aún azorado, no atina a hacer nada. Simplemente bailotea sobre sus pies y mira pasmado toda la escena.
Nada puede escucharse. Ni los gritos, ni las risas, ni las voces. Los riffs de guitarra y los gritos del cantante lo enmudecen todo.
“Cerrá, cerrá” Insiste Martín abriendo inmensa su boca en una mueca muda.
Funde a negro:

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home