Serotonina . Divino Tesoro II.
Exterior Noche / En la vereda de la costanera:
Continúa la música anterior.
Por la costanera, con los pelos al viento, la pandilla camina en cámara lenta.
Rozagantes, vitales, lindos, llenos de energía.
Conversan y ríen muy animados.
Martín bebe de una botellita de cerveza y se la pasa a Sol que camina junto a él con el maquillaje un poco corrido.
Ezequiel recibe un porro de manos de Ramiro. Más atrás Guadalupe se entretiene revisando las fotos que ha registrado con su camarita.
Se acercan a una estación de servicio en donde alguien ha dejado su auto junto al surtidor con la puerta abierta y se ha metido en el mini mercado.
Martín se ha dado cuenta del descuido y se separa del grupo para dirigirse a los baños de la estación.
Por indicaciones de él, los otros continúan con la caminata.
Martín no entra al baño, en cambio se queda parado en la puerta, esperando el momento.
Cuando el encargado del surtidor se distrae para cobrarle a otro cliente, Martín se acerca sigilosamente al auto abierto, saca las llaves de la tapa del tanque que ha quedado arriba del techo; se mete en el auto y arranca haciendo chillar las ruedas.
La manguera del surtidor se desprende volando por los aires y salpicando nafta para todos lados.
Todos salen corriendo detrás del coche que se detiene a unos cincuenta metros para que suban matándose de risa; Ezequiel, Sol, Guadalupe y Ramiro.
El auto vuelve a arrancar y se pierde velozmente por la avenida vacía mientras termina la canción.
Funde a negro.
Exterior día / En algún lugar de los bosques de Palermo.
Amanece ya en el parque.
Martín está tirado boca abajo sobre el pasto.
Con las primeras luces de la mañana Guadalupe sacude urgentemente a Ezequiel que está medio desvanecido en el asiento delantero.
Guadalupe:
Vamos boludo!... Vamos movéte... Dale!
Ezequiel vuelve en si poco a poco y cuando recupera su sentido de la ubicación se baja rápidamente del auto.
Juntos corren hasta Martín.
Ezequiel y Guadalupe:
Vamos boludo!... Levantate...
Martín no puede responder nada. Inconsciente se babea sin abrir los ojos.
Los otros insisten tratando de levantar ese peso muerto.
Ezequiel y Guadalupe:
Dale gil!... Corré, corré!
Lejos se escucha la sirena de la policía acercándose.
Finalmente, Ezequiel y Guadalupe se dan por vencidos y salen corriendo atravesando el parque.
Martín se queda tirado ahí donde está sin ninguna posibilidad.
Más atrás, el auto que han robado, humea grandes volutas estrellado contra un árbol.
Ramiro y Sol no están por ningún lado.
Corte a:
Interior día / En el dpto. de Sol.
Ojerosa, agotada; Sol entra en su casa.
Es un departamento mediano, decorado hace treinta años con muy buen gusto y materiales caros, pero que hoy está deslucido, arruinado, envejecido. No es “retro”, sino viejo. En una de las paredes cuelga una gran foto de la mamá de Sol en sus épocas de esplendor como modelo publicitaria.
Sol cierra y en silencio se pierde rumbo a su cuarto.
Agarrándose la cabeza, con un poco de resaca, entra a la pieza.
Saca un calzoncillo de su carterita y lo clava con un alfiler junto a otros que ya cuelgan en el interior de la puerta de su placard.
Después se desploma sobre la cama.
Corte a:
Interior día / En el palier del edificio de Ezequiel y Guadalupe.
Agitados y cuidándose las espaldas, Ezequiel y Guadalupe llegan a su edificio. Un encargado les abre la puerta y ellos caminan hasta el ascensor.
Llaman y suben.
Una vez adentro del ascensor ambos le dan rienda suelta a la agitación de haber corrido tanto y tratan de recuperarse respirando hondo.
De pronto Ezequiel comienza a sentirse muy mal; se apoya en el espejo y siente unas nauseas incontrolables.
Sin poder evitarlo, vomita en el piso con un caudal impresionante.
El chorro salpica los zapatos de Guadalupe que hace muecas de asco y se tapa la cara con las manos para no mirar.
El ascensor llega hasta su piso y se bajan, Guadalupe asqueada tapándose la nariz y Ezequiel tambaleándose por la descompostura.
Las puertas se cierran y el ascensor se va llevándose ese charco pestilente quién sabe a qué piso.
Mientras Guadalupe mete las llaves y abre la puerta Ezequiel dice:
Ezequiel:
Que sorpresita he?
Entonces ambos estallan en carcajadas imaginándose la cara del próximo que abra el ascensor.
Corte a:
Interior día / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe
Entran a casa matándose de risa.
Guadalupe encara directamente hacia el contestador y pulsa el botón. Apoyada junto al teléfono escucha.
Nada, ni un solo mensaje.
En silencio entonces se pierde en el pasillo rumbo a su dormitorio.
Ezequiel tambaleante, apenas alcanza a llegar al sofá donde se desploma abatido y cierra los ojos.
El departamento es un desastre. Cientos de botellas vacías, vasos sucios, ceniceros malolientes, servilletas de papel, cajas de pizza, apuntes rotos, paredes y alfombras manchadas.
Después de un rato, Ezequiel abre los ojos como recordando algo y se incorpora con esfuerzo.
Camina rápidamente por el departamento rumbo a las habitaciones de servicio.
Se detiene frente a puerta de Loly y sigilosamente abre la cerradura con la llave que ha quedado del lado de afuera.
Sentada en la cama sola y en la penumbra de la habitación cerrada, la muchacha, con la cara escondida detrás de sus largos cabellos negros, se balancea muda esperando que alguien le venga a abrir.
Ezequiel se acerca lentamente sin decir nada y se para frente a ella.
Loly no levanta la cabeza.
Después de un largo rato, Ezequiel estira lentamente la mano y le acaricia un poco el cabello, pero la muchacha corre la cabeza evitando el contacto.
Ezequiel parece reflexionar por un instante y después se aleja.
Pero no mucho, porque no alcanza a alejarse más de dos metros cuando vuelve sobre sus pasos y cae de rodillas delante de Loly agarrándole las manos
Loly se mantiene inmóvil. Ezequiel le besa las manos y esconde la cabeza en el regazo.
Lentamente entonces, la mano de Loly se posa sobre la cabeza de Ezequiel y empieza a acariciarlo.
Corte a:
Interior día / En la vieja panadería de don Mariano
El maestro panadero decora el pastel con viboritas de merengue. Más atrás otro muchacho va y viene con canastos de pan fresco y medialunas.
Hacia el fondo del local, sentado en la pequeña y oscura oficina, don Mariano cuenta uno a uno en un pequeño fajo de billetes y agrega también algunas monedas.
En ese momento entra José, su hijo mayor, con la recaudación de los repartos.
José:
Hola papá.
Don Mariano levanta la cabeza y saluda con un gesto.
José:
Y?... Cuánto hay?
Don Mariano:
No alcanza.
José:
Pero cuánto hay?... Cuánto hay?... Tomá acá hay seiscientos...
José abre su agenda, saca algunos otros billetes y los suma a la pequeña pila que ha juntado su padre.
Don Mariano:
Igual no alcanza... No llegamos ni a la mitad... Y encima se viene el aguinaldo...
José:
Uf!...
Suena el teléfono.
El joven se levanta agarra el tubo y contesta:
José:
Panadería...
Corte a:
Interior día / En la habitación de Ramiro
Ramiro duerme con la cabeza bajo la almohada.
En la habitación, alta y antigua entra demasiada luz.
Una mujer vieja, de cerca de noventa con una nube en el ojo, lo mira en silencio por el resquicio de la puerta algo abierta.
Corte a:
Interior día / En el living de la casa de Ramiro.
Sentada en el sillón, la vieja saca trabajosamente el tejido de adentro de la bolsa.
Después de un largo rato, aparece Ramiro con unos calzoncillos de cartoons y una remera y se sienta junto a la vieja, frente al mate.
Bosteza y sin esperar ninguna indicación se calza una madeja de lana entre los antebrazos.
Ahora, lentamente la vieja enrolla un gran ovillo, desarmando los aros de lana que Ramiro mantiene con los antebrazos.
Uno a uno se van yendo los hilos de los brazos de Ramiro, que chupa el mate cuando puede.
Corte a:
Exterior día / En una vereda cercana del barrio de Martín
Martín y José caminan en silencio por la vereda sombreada.
José unos pasos más atrás.
Se acercan a la camionetita de la panadería. José se adelanta, mete la llave en la puerta del acompañante y abre. Cuando Martín mete la cabeza subiéndose al vehículo, José le cierra la puerta con violencia atrapándole la cabeza.
Martín grita y trata de zafar, pero José, que es mucho más grandote y musculoso aprieta cada vez más.
Entonces sin aflojar se acerca a Martín y le habla con furia.
José:
Es la última vez hijo de puta!... Entendés?... La próxima te dejo ahí hasta que te cojan y te revienten el culo... Los chorros y los canas...
Entonces José afloja la puerta que lo acogotaba y agarrándolo por los pelos le hace cabecear el parante varias veces.
Martín sangra.
José:
Pelotudo de mierda!... Pronto vas a ser mayor de edad y se te acaba la joda, boludo; no te das cuenta?!... Pelotudo, pelotudo de mierda!
Ahora sí José lo suelta y camina hasta la puerta del conductor.
José:
Subí!... Boludo.
La camionetita arranca.
La voz de José en off:
El tiempo vuela boludo!... Demasiado pronto se empieza a cosechar...
La voz de Martín en Off:
Calláte gil!
Ya la camioneta se pierde en las calles arboladas.
Exterior Noche / En la vereda de la costanera:
Continúa la música anterior.
Por la costanera, con los pelos al viento, la pandilla camina en cámara lenta.
Rozagantes, vitales, lindos, llenos de energía.
Conversan y ríen muy animados.
Martín bebe de una botellita de cerveza y se la pasa a Sol que camina junto a él con el maquillaje un poco corrido.
Ezequiel recibe un porro de manos de Ramiro. Más atrás Guadalupe se entretiene revisando las fotos que ha registrado con su camarita.
Se acercan a una estación de servicio en donde alguien ha dejado su auto junto al surtidor con la puerta abierta y se ha metido en el mini mercado.
Martín se ha dado cuenta del descuido y se separa del grupo para dirigirse a los baños de la estación.
Por indicaciones de él, los otros continúan con la caminata.
Martín no entra al baño, en cambio se queda parado en la puerta, esperando el momento.
Cuando el encargado del surtidor se distrae para cobrarle a otro cliente, Martín se acerca sigilosamente al auto abierto, saca las llaves de la tapa del tanque que ha quedado arriba del techo; se mete en el auto y arranca haciendo chillar las ruedas.
La manguera del surtidor se desprende volando por los aires y salpicando nafta para todos lados.
Todos salen corriendo detrás del coche que se detiene a unos cincuenta metros para que suban matándose de risa; Ezequiel, Sol, Guadalupe y Ramiro.
El auto vuelve a arrancar y se pierde velozmente por la avenida vacía mientras termina la canción.
Funde a negro.
Exterior día / En algún lugar de los bosques de Palermo.
Amanece ya en el parque.
Martín está tirado boca abajo sobre el pasto.
Con las primeras luces de la mañana Guadalupe sacude urgentemente a Ezequiel que está medio desvanecido en el asiento delantero.
Guadalupe:
Vamos boludo!... Vamos movéte... Dale!
Ezequiel vuelve en si poco a poco y cuando recupera su sentido de la ubicación se baja rápidamente del auto.
Juntos corren hasta Martín.
Ezequiel y Guadalupe:
Vamos boludo!... Levantate...
Martín no puede responder nada. Inconsciente se babea sin abrir los ojos.
Los otros insisten tratando de levantar ese peso muerto.
Ezequiel y Guadalupe:
Dale gil!... Corré, corré!
Lejos se escucha la sirena de la policía acercándose.
Finalmente, Ezequiel y Guadalupe se dan por vencidos y salen corriendo atravesando el parque.
Martín se queda tirado ahí donde está sin ninguna posibilidad.
Más atrás, el auto que han robado, humea grandes volutas estrellado contra un árbol.
Ramiro y Sol no están por ningún lado.
Corte a:
Interior día / En el dpto. de Sol.
Ojerosa, agotada; Sol entra en su casa.
Es un departamento mediano, decorado hace treinta años con muy buen gusto y materiales caros, pero que hoy está deslucido, arruinado, envejecido. No es “retro”, sino viejo. En una de las paredes cuelga una gran foto de la mamá de Sol en sus épocas de esplendor como modelo publicitaria.
Sol cierra y en silencio se pierde rumbo a su cuarto.
Agarrándose la cabeza, con un poco de resaca, entra a la pieza.
Saca un calzoncillo de su carterita y lo clava con un alfiler junto a otros que ya cuelgan en el interior de la puerta de su placard.
Después se desploma sobre la cama.
Corte a:
Interior día / En el palier del edificio de Ezequiel y Guadalupe.
Agitados y cuidándose las espaldas, Ezequiel y Guadalupe llegan a su edificio. Un encargado les abre la puerta y ellos caminan hasta el ascensor.
Llaman y suben.
Una vez adentro del ascensor ambos le dan rienda suelta a la agitación de haber corrido tanto y tratan de recuperarse respirando hondo.
De pronto Ezequiel comienza a sentirse muy mal; se apoya en el espejo y siente unas nauseas incontrolables.
Sin poder evitarlo, vomita en el piso con un caudal impresionante.
El chorro salpica los zapatos de Guadalupe que hace muecas de asco y se tapa la cara con las manos para no mirar.
El ascensor llega hasta su piso y se bajan, Guadalupe asqueada tapándose la nariz y Ezequiel tambaleándose por la descompostura.
Las puertas se cierran y el ascensor se va llevándose ese charco pestilente quién sabe a qué piso.
Mientras Guadalupe mete las llaves y abre la puerta Ezequiel dice:
Ezequiel:
Que sorpresita he?
Entonces ambos estallan en carcajadas imaginándose la cara del próximo que abra el ascensor.
Corte a:
Interior día / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe
Entran a casa matándose de risa.
Guadalupe encara directamente hacia el contestador y pulsa el botón. Apoyada junto al teléfono escucha.
Nada, ni un solo mensaje.
En silencio entonces se pierde en el pasillo rumbo a su dormitorio.
Ezequiel tambaleante, apenas alcanza a llegar al sofá donde se desploma abatido y cierra los ojos.
El departamento es un desastre. Cientos de botellas vacías, vasos sucios, ceniceros malolientes, servilletas de papel, cajas de pizza, apuntes rotos, paredes y alfombras manchadas.
Después de un rato, Ezequiel abre los ojos como recordando algo y se incorpora con esfuerzo.
Camina rápidamente por el departamento rumbo a las habitaciones de servicio.
Se detiene frente a puerta de Loly y sigilosamente abre la cerradura con la llave que ha quedado del lado de afuera.
Sentada en la cama sola y en la penumbra de la habitación cerrada, la muchacha, con la cara escondida detrás de sus largos cabellos negros, se balancea muda esperando que alguien le venga a abrir.
Ezequiel se acerca lentamente sin decir nada y se para frente a ella.
Loly no levanta la cabeza.
Después de un largo rato, Ezequiel estira lentamente la mano y le acaricia un poco el cabello, pero la muchacha corre la cabeza evitando el contacto.
Ezequiel parece reflexionar por un instante y después se aleja.
Pero no mucho, porque no alcanza a alejarse más de dos metros cuando vuelve sobre sus pasos y cae de rodillas delante de Loly agarrándole las manos
Loly se mantiene inmóvil. Ezequiel le besa las manos y esconde la cabeza en el regazo.
Lentamente entonces, la mano de Loly se posa sobre la cabeza de Ezequiel y empieza a acariciarlo.
Corte a:
Interior día / En la vieja panadería de don Mariano
El maestro panadero decora el pastel con viboritas de merengue. Más atrás otro muchacho va y viene con canastos de pan fresco y medialunas.
Hacia el fondo del local, sentado en la pequeña y oscura oficina, don Mariano cuenta uno a uno en un pequeño fajo de billetes y agrega también algunas monedas.
En ese momento entra José, su hijo mayor, con la recaudación de los repartos.
José:
Hola papá.
Don Mariano levanta la cabeza y saluda con un gesto.
José:
Y?... Cuánto hay?
Don Mariano:
No alcanza.
José:
Pero cuánto hay?... Cuánto hay?... Tomá acá hay seiscientos...
José abre su agenda, saca algunos otros billetes y los suma a la pequeña pila que ha juntado su padre.
Don Mariano:
Igual no alcanza... No llegamos ni a la mitad... Y encima se viene el aguinaldo...
José:
Uf!...
Suena el teléfono.
El joven se levanta agarra el tubo y contesta:
José:
Panadería...
Corte a:
Interior día / En la habitación de Ramiro
Ramiro duerme con la cabeza bajo la almohada.
En la habitación, alta y antigua entra demasiada luz.
Una mujer vieja, de cerca de noventa con una nube en el ojo, lo mira en silencio por el resquicio de la puerta algo abierta.
Corte a:
Interior día / En el living de la casa de Ramiro.
Sentada en el sillón, la vieja saca trabajosamente el tejido de adentro de la bolsa.
Después de un largo rato, aparece Ramiro con unos calzoncillos de cartoons y una remera y se sienta junto a la vieja, frente al mate.
Bosteza y sin esperar ninguna indicación se calza una madeja de lana entre los antebrazos.
Ahora, lentamente la vieja enrolla un gran ovillo, desarmando los aros de lana que Ramiro mantiene con los antebrazos.
Uno a uno se van yendo los hilos de los brazos de Ramiro, que chupa el mate cuando puede.
Corte a:
Exterior día / En una vereda cercana del barrio de Martín
Martín y José caminan en silencio por la vereda sombreada.
José unos pasos más atrás.
Se acercan a la camionetita de la panadería. José se adelanta, mete la llave en la puerta del acompañante y abre. Cuando Martín mete la cabeza subiéndose al vehículo, José le cierra la puerta con violencia atrapándole la cabeza.
Martín grita y trata de zafar, pero José, que es mucho más grandote y musculoso aprieta cada vez más.
Entonces sin aflojar se acerca a Martín y le habla con furia.
José:
Es la última vez hijo de puta!... Entendés?... La próxima te dejo ahí hasta que te cojan y te revienten el culo... Los chorros y los canas...
Entonces José afloja la puerta que lo acogotaba y agarrándolo por los pelos le hace cabecear el parante varias veces.
Martín sangra.
José:
Pelotudo de mierda!... Pronto vas a ser mayor de edad y se te acaba la joda, boludo; no te das cuenta?!... Pelotudo, pelotudo de mierda!
Ahora sí José lo suelta y camina hasta la puerta del conductor.
José:
Subí!... Boludo.
La camionetita arranca.
La voz de José en off:
El tiempo vuela boludo!... Demasiado pronto se empieza a cosechar...
La voz de Martín en Off:
Calláte gil!
Ya la camioneta se pierde en las calles arboladas.

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