miércoles, abril 04, 2007

Serotonina. Divino tesoro III

Secuencia elaborada.

Suena “Al olor del hogar” de la Bersuit.
Sol se maquilla adentro de un camarín junto a otras chicas igual de atractivas.
Cuando termina de pintarse la boca le da un beso al espejo dejando marcado el rouge. Después sale.
Camina por unos corredores penumbrosos abarrotados de utilería hasta que sale de atrás de las bambalinas.
Está en un casting vestida de hippie.
La luz frontal la enceguece, pero cubriéndose un poco los ojos alcanza a divisar a unos tipos que la observan desde la oscuridad detrás de la cámara.
Un par de asistentes van y vienen por el pequeño lugar. Uno de ellos le acerca una banqueta, otro acomoda por detrás un tapón pintado de cielo.
Sol trata de mostrarse segura de si misma y acostumbrada al ajetreo.
Ahora se le acercan el director del casting y varias otras personas que le dan algunas indicaciones y le hablan todos al mismo tiempo; Sol asiente con la cabeza y sigue esforzándose por ver quiénes quedaron detrás de la cámara. Se acerca una chica, le alcanza un helado y sale rápidamente dejando el cuadro libre.
Se enciende otra luz a espaldas de Sol y alguien parece gritar acción.
Sol se presenta, dice algunas pavadas y contesta lo que le preguntan. Después de un rato el helado comienza a chorrearle por la mano.
Siguen preguntándole tonteras.
Por fin arranca.
Sol empieza a lamer el helado y después a chuparse la punta de los dedos chorreados.
En el monitor de video los productores pueden verlo, son imágenes muy seductoras pero no lascivas. Sol sabe lo que hace.
Corte.
Sentado en un umbral, cerca de la esquina, Martín mira su reloj y se pone de pié.
Lleva una mochila en la espalda y unos útiles en la mano.
Se descuelga la mochila, la abre todo lo que puede y se queda quietito esperando.
De pronto hechos una tromba, doblan la ochava dos tipos que vienen corriendo y uno de ellos arroja algo adentro de la mochila abierta de Martín. Martín la cierra rápidamente, se la cuelga en la espalda y sale caminando muy tranquilo con los útiles en la mano. Al instante se cruza con los canas perseguidores que vienen corriendo detrás de los tipos y que ni siquiera se fijan en él.
Martín se pierde entre el gentío de la peatonal.
Corte.
Sola en su cuarto, Guadalupe enchufa el usb a la cámara y se pone a descargar en la compu las fotos de la fiesta.
Las mira rápidamente y se detiene en una donde puede verse a Ramiro caminando hacia la cámara.
Se queda un rato largo mirando la pantalla y después manda a imprimir.
Mientras espera la impresión, sale del cuarto y camina hasta la cocina.
Vuelve a su cuarto con una coca en la mano.
Saca el impreso, recorta el papel sobrante, agarra un portarretrato donde puede verse a Ezequiel, saca la foto de Ezequiel y pone en su lugar la de Ramiro.
Después agarra el portarretratos y prueba de ponerlo en distintos lugares de su habitación pero ninguno le convence.
Finalmente lo esconde debajo de su almohada.
Corte.
Ezequiel recorre la habitación contigua, la de sus padres.
Abre los cajones de la mesa de luz. Se recuesta sobre la cama. Aburrido juega con los controles automáticos de las persianas. Con el control remoto enciende y apaga la gran pantalla de plasma, una y otra vez.
Corte.
Sentado en el sofá de su casa, Ramiro lee en voz alta un pasaje de “Las Fantásticas Aventuras de Gordon Pymm” mientras la vieja teje sentada a su lado.
Después de un rato, la vieja se levanta trabajosamente y prueba la medida del tejido estirándolo sobre la espalda de Ramiro.
Termina la canción.

Corte a:

Interior noche / En la vieja panadería de don Mariano

Martín llega a la panadería, saluda y pasa por una puerta detrás del mostrador.
Se mete en la zona de horno y amasado. Saluda al muchacho de los canastos que está saliendo, pero este no le contesta.
Pasa por la oficina donde está su padre solo. Mete la cabeza y saluda.
Martín:
Hola pa...
Don Mariano:
Vení, vení que necesito hablar con vos.
Martín:
Ahora?... Ahora no puedo... Después hablamos...
Don Mariano:
Pasá ya!... Ahora!... Pasá y sentate ahí!
Martín de mala gana entra protestando en la oficina
Martin:
Ufa man!... Qué pasa?
Don Mariano:
Despedimos a Daniel
Martín:
Con razón no me saludó el boludo ese... Y?
Don mariano:
Vas a prender el horno martes y jueves...
Martín:
Noooo!... No, no, no!... Por qué yo?... Qué mierda hice?... no, no!
Don Mariano:
Siiiii!... Si, si!... Yo lo voy a prender lunes, miércoles y viernes... Y tengo cuatro veces tu edad...
Martín:
Y José?... Qué mierda hace José?
Don Mariano:
Cómo qué hace?... El reparto, te parece poco?... El reparto hace tu hermano... Todos los días... Además tiene que atender a su propia familia... Qué querés?
Martín:
Pero que mierda che!... Y por qué lo corren al puto ese de Daniel... Qué bajón!
Don Mariano:
Por que no le podemos pagar.
Martín:
Y yo qué culpa tengo?... Qué mierda tengo que ver yo?
Don Mariano se levanta, se acerca a Martín y mirándolo a los ojos le dice:
Don Mariano:
Necesitamos que nos ayudes porque esto se va a la mierda... Necesitamos que dejés de boludear... Pará de salir todos los días, de volver a cualquier hora... Ya está, ya está!...
Entendés?... Necesitamos ayuda acá!
Martín:
Pero no papá!... No!... Yo tengo cosas que hacer!... No quiero terminar esclavo de esta mierda como vos y el otro boludo de José... Cuando menos me de cuenta voy a tener cincuenta años prendiendo el horno como un tarado!
Don Mariano se pone más violento:
Don Mariano:
Vas a prender el horno los martes y jueves, aunque tenga que reventarte la cabeza a patadas!... Entendés?
Martín se levanta gritando, arrastrando la silla y pateando la puerta sale de la oficinita.
Martín:
La puta madre que lo parió!... Qué condena!... La concha de su madre, qué condena!...
Don Mariano se queda otra vez solo, apoyado en el escritorio.

Corte a:

Interior día / En la habitación de Sol

Tiradas en la cama Guadalupe y Sol vaguean plácidamente.
Guadalupe hojea una Dmode y Sol muy de entrecasa se pinta las uñas de los pies.
En la compu de Sol suena Turf muy bajito.
Entra su mamá, con una máscara de crema cubriéndole la cara y el pelo.
La mamá:
Tomá Solcito, tenés teléfono... Hola Guada!
Le pasa el inalámbrico y sale del cuarto.
Sol atiende.
Sol:
Hola... Si, si... Ahora?...Mmmmm... Sí, si me interesa pero no sé si llego... Bueno, está bien voy para allá... Cuánto?... Si está bien, no es mucho pero está bien... Dale nos vemos allá... Vos vas?... Bueno, ahí nos vemos... Chau!
Guadalupe:
Che a tu vieja no le conozco la cara...
Sol:
Yo tampoco... Ja, ja!... Pero es igualita a mi, no te preocupés... Ja, ja ja!
Sol se tira para atrás y resopla un poco fastidiada.
Sol:
Ufa!... Hay un casting ahora, me tengo que ir.
Guadalupe:
Ya te vas?
Sol:
Y... en un ratito.
Guadalupe:
Y cómo te fue el otro día?
Sol:
Hummm! Más o menos. Era un comercial pedorro de helados... Ni me presenté al final...
Guadalupe:
Sol...
Sol:
Hummmm?
Guadalupe:
Te gusta ese laburo de verdad?
Sol:
Claro nena!... Si no, no lo haría!... Me encanta!... Me quiero ir a Europa.
Guadalupe:
Europa?... Por qué Europa?... No te va bien acá?
Sol:
Siii,si, me va bien peroooo... No sé, no quiero terminar como mi vieja loca; se rompió el culo haciendo este laburo y mirala ahora tiene cuarenta años y está acabada... No, ni en pedo, me mato antes de terminar así: madre soltera, sin un mango, olvidada... Mirá, en este país podes vender merca, armas, niños; traficar órganos o hacerte puta o evangelista... Pero lo único que da acá enserio es el choreo nena!...
Guadalupe:
Y está bueno el laburo?
Sol:
Yyyy si!... Un rato es divertido, pero son todos son medio boludos he!... Yo nunca sé muy bien quién es quién ahí... Todos dan órdenes, al final una nunca sabe quien mierda es el que manda... Que parate aquí, parate allá; moveme el culo, saca las tetas... No sé... Creativos, directores, productores... Son todos medio babosos viviendo en una nube de pedo!...
Guadalupe:
Y porqué seguís laburando ahí?
Sol:
Por que me gusta!... Ya te dije.
Sol hace un esfuerzo, se levanta y comienza a prepararse para salir.
Guadalupe deja la revista y se sienta en la cama a observarla y a sacarle fotos
Guadalupe:
Sos linda he!
Sol:
Hummm!
Guadalupe:
Yo me voy a empezar a vestir como vos.
Sol:
Ja, ja! Te presto ropa si querés... O vamos a comprar mejor un día; con la tarjeta de tu papá...
Guadalupe:
Dale deberíamos ir un día... Pero igual mis viejos no me da ninguna tarjeta he?... Bastante miserables que son...
Sol:
Heee!... No te quejés... Qué tendría que decir yo que desde los nueve años que laburo?...
Guadalupe:
No, si no me quejo... Pero no es que tengo tanta guita he!... Mis viejos nos habilitan una guita mensual y todos los gastos están cubiertos, pero no tengo así, acceso ilimitado a una cuenta...
Sol:
Che, al final; tus viejos, qué mierda hacen?
Guadalupe (contesta vagamente):
La verdad que no sé... Hacen comercio exterior y no sé que transa tienen con la cancillería o el ministerio de economía, no sé muy bien.
Sol:
Son truchos?... Ja, jaja!
Guadalupe:
Si, creo que si.
Sol:
Y ahora dónde están?
Guadalupe:
En Davos... No, en Siria... No, no; qué Siria?... En Miami...
Guadalupe se queda pensativa por un momento. Después agrega:
Guadalupe:
La verdad, es que no sé dónde mierda están... Tienen que llamar en cualquier momento.

Corte a.

Exterior día / En las vereda de la panadería

Martín saca su bicicleta por una puerta lateral pegada al negocio.
Se cuelga la mochila en la espalda, se calza unos auriculares y oprime “play” en su diminuto I´pod.
Empieza a sonar Molotov; “Chinga tu madre”
Se sube a la bici y empieza a pedalear. Viaja algunas cuadras cruzándose con los mil personajes del barrio: los pibes de la esquina; la doñas que conversan escoba en mano; los cartoneros en la puerta del súper, las colegialas de corbatita...
Corte.
Por fin llega a una especie de fábrica abandonada; se baja de la bici y golpea.
Alguien le abre la puerta y él se pierde en el interior.
Corte.
Camina por sórdidos pasillos con un mastodonte detrás de él.
Entra un una oficina donde lo espera un gordo inmenso que habla por teléfono.
Al ratito cuelga y lo saluda con sonrisas.
Martín responde igual.
Después se sienta frente al escritorio, saca de su mochila una cartera negra de mujer y se la alcanza al gordo.
El gordo se limpia las manos en el pantalón y agarra la cartera.
La abre, saca algunas cosas de adentro y entre ellas saca un montón de billetes atados con una gomita del banco.
Ríe el gordo; ríe Martín.
Entonces el gordo separa unos cuantos billetes y se los pasa a Martín, que poniéndose de pié los guarda en el bolsillo.

martes, abril 03, 2007

Catacumba 5


“…Cuanta ciudad, cuanta sed!… Y tú, un hombre solo…”
Es lo primero que suena en la cabeza de José Luís; incluso antes de abrir los ojos. Ya pasada las cuatro, el sol atraviesa la ventana descubriendo el creel que flota en el encierro.
9 % de crecimiento anual? Las bolas te deben crecer al 9 %, conchudo!... Para todo tienen una respuesta?.... Uno no puede salir de las preguntas más elementales y ustedes no paran de tenerla clara!...
A partir de ahí ya no se entiende. El lápiz se ha deslizado exhausto agujereando un poco el papel. Además la escritura se ha humedecido con la baba de José Luís, dormido sobre la nota.
Pero ahora se despierta. “…Cuanta ciudad, cuanta sed!… Y tú, un hombre solo…”; de dónde era eso?, se pregunta.
Al cabo está sentado en bolas bajo la ducha.
Se mira las piernas flacas y débiles; escupe el agua que se le filtra por las comisuras de los labios.
Cuando sale a la calle, levanta un pucho que alguien tiro por la mitad. Camina lentamente hasta la farmacia de Oscar y cuando el local se vacía un poco, se acerca hasta su amigo detrás de la caja y le mangua dos pesos.
Para en un kiosco, compra tres cigarrillos sueltos y encara hacia Almagro.
Porque habré confiado tanto en la poesía? Qué me llevo a creer que las ideas me iban a salvar? Cuándo encontré la certeza de que el destino quedaba escrito con solo imaginarlo?... Que ingenuidad!. Cuándo, cómo, dónde es que el futuro se te hace esquivo? Te suelta la mano y te abandona a tu suerte. A la deriva transitas sobre el final manoteando esa materia endeble e inasible de la que están hechos los sueños…. Obvio, de ahí no te podes agarrar! El secreto debe ser, darse cuenta a tiempo!.
Atraviesa la plaza y se detiene un momento en el centro. Desde ahí puede observar las cuatro esquinas. El oeste parece ser el lugar.
Se quita el saco roñoso y trata de llegar derecho hasta una de las mesas de la vereda.
Al cabo, un suculento churrasco y sus esposas papas fritas, calman al voraz José Luís. Ha pedido un vaso de vino y soda.
La noche es calma y silenciosa. Salvo por los frenos del 92 que tiene parada junto a las mesas.
Cada tanto, el viento se escapa de los tilos de la plaza, se cuela por el ventanuco de chapa y le arranca bocanadas de humo a la parrilla.
Casi no hay gente. Adentro uno, o dos quizás, comiendo choripán en la barra de tablas. El pibe mozo conversando con ellos y el parrilllero de espaldas, azuzando las carnes. Y acá en la vereda, doblando un poco la ochava, una parejita con una coca grande.
Disimuladamente José Luís, que ya ha terminado de comer, saca una botellita de plástico del bolsillo interno de su saco y la llena con el vino de su vaso. Bebe algo de soda y ordena el cuarto vaso. Cuando se lo traen, pide fuego para el primero de sus puchos. Estira las piernas y apoya la cabeza en la pared.
Pasa el tiempo y como se acerca la hora de cenar empieza a llegar alguna gente. Un par se arrima a la ventana y ordena desde ahí. Tres amigas elijen una mesa junto a la parejita de la coca. Viene el pibe y las atiende.Vuelve adentro, habla con el parrillero y se pierde detrás de las heladeras.
“El que no llora no mama… Y el que no afana es un gil”, piensa José Luís apurando el vino.
Una señora con bolsas se para junto a la mesa y al ratito estira el brazo. Las tres amigas cuchichean algún secreto. La parejita se hace algunos arrumacos. El pibe sigue en las heladeras y el parrillero quemándose la panza.
Los frenos del 92 coinciden con la humareda que envuelve a la esquina. El se para, tira el pucho y mira para adentro.
Un instante después de ponerse en marcha, sin que nadie, ninguno de los presentes se dé cuenta; José Luís se escapa subiéndose en dos trancos al bondi, detrás de la señora que ya casi se ha sentando.
“…Cuanta ciudad, cuanta sed!… Y tú, un hombre solo…”… Ah! Ya sé; es de Almendra!
Ahora el bondi se pierde en la noche.

domingo, abril 01, 2007

Serotonina . Divino Tesoro II.


Exterior Noche / En la vereda de la costanera:

Continúa la música anterior.
Por la costanera, con los pelos al viento, la pandilla camina en cámara lenta.
Rozagantes, vitales, lindos, llenos de energía.
Conversan y ríen muy animados.
Martín bebe de una botellita de cerveza y se la pasa a Sol que camina junto a él con el maquillaje un poco corrido.
Ezequiel recibe un porro de manos de Ramiro. Más atrás Guadalupe se entretiene revisando las fotos que ha registrado con su camarita.
Se acercan a una estación de servicio en donde alguien ha dejado su auto junto al surtidor con la puerta abierta y se ha metido en el mini mercado.
Martín se ha dado cuenta del descuido y se separa del grupo para dirigirse a los baños de la estación.
Por indicaciones de él, los otros continúan con la caminata.
Martín no entra al baño, en cambio se queda parado en la puerta, esperando el momento.
Cuando el encargado del surtidor se distrae para cobrarle a otro cliente, Martín se acerca sigilosamente al auto abierto, saca las llaves de la tapa del tanque que ha quedado arriba del techo; se mete en el auto y arranca haciendo chillar las ruedas.
La manguera del surtidor se desprende volando por los aires y salpicando nafta para todos lados.
Todos salen corriendo detrás del coche que se detiene a unos cincuenta metros para que suban matándose de risa; Ezequiel, Sol, Guadalupe y Ramiro.
El auto vuelve a arrancar y se pierde velozmente por la avenida vacía mientras termina la canción.

Funde a negro.

Exterior día / En algún lugar de los bosques de Palermo.

Amanece ya en el parque.
Martín está tirado boca abajo sobre el pasto.
Con las primeras luces de la mañana Guadalupe sacude urgentemente a Ezequiel que está medio desvanecido en el asiento delantero.
Guadalupe:
Vamos boludo!... Vamos movéte... Dale!
Ezequiel vuelve en si poco a poco y cuando recupera su sentido de la ubicación se baja rápidamente del auto.
Juntos corren hasta Martín.
Ezequiel y Guadalupe:
Vamos boludo!... Levantate...
Martín no puede responder nada. Inconsciente se babea sin abrir los ojos.
Los otros insisten tratando de levantar ese peso muerto.
Ezequiel y Guadalupe:
Dale gil!... Corré, corré!
Lejos se escucha la sirena de la policía acercándose.
Finalmente, Ezequiel y Guadalupe se dan por vencidos y salen corriendo atravesando el parque.
Martín se queda tirado ahí donde está sin ninguna posibilidad.
Más atrás, el auto que han robado, humea grandes volutas estrellado contra un árbol.
Ramiro y Sol no están por ningún lado.

Corte a:

Interior día / En el dpto. de Sol.

Ojerosa, agotada; Sol entra en su casa.
Es un departamento mediano, decorado hace treinta años con muy buen gusto y materiales caros, pero que hoy está deslucido, arruinado, envejecido. No es “retro”, sino viejo. En una de las paredes cuelga una gran foto de la mamá de Sol en sus épocas de esplendor como modelo publicitaria.
Sol cierra y en silencio se pierde rumbo a su cuarto.
Agarrándose la cabeza, con un poco de resaca, entra a la pieza.
Saca un calzoncillo de su carterita y lo clava con un alfiler junto a otros que ya cuelgan en el interior de la puerta de su placard.
Después se desploma sobre la cama.

Corte a:

Interior día / En el palier del edificio de Ezequiel y Guadalupe.

Agitados y cuidándose las espaldas, Ezequiel y Guadalupe llegan a su edificio. Un encargado les abre la puerta y ellos caminan hasta el ascensor.
Llaman y suben.
Una vez adentro del ascensor ambos le dan rienda suelta a la agitación de haber corrido tanto y tratan de recuperarse respirando hondo.
De pronto Ezequiel comienza a sentirse muy mal; se apoya en el espejo y siente unas nauseas incontrolables.
Sin poder evitarlo, vomita en el piso con un caudal impresionante.
El chorro salpica los zapatos de Guadalupe que hace muecas de asco y se tapa la cara con las manos para no mirar.
El ascensor llega hasta su piso y se bajan, Guadalupe asqueada tapándose la nariz y Ezequiel tambaleándose por la descompostura.
Las puertas se cierran y el ascensor se va llevándose ese charco pestilente quién sabe a qué piso.
Mientras Guadalupe mete las llaves y abre la puerta Ezequiel dice:
Ezequiel:
Que sorpresita he?
Entonces ambos estallan en carcajadas imaginándose la cara del próximo que abra el ascensor.

Corte a:

Interior día / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe

Entran a casa matándose de risa.
Guadalupe encara directamente hacia el contestador y pulsa el botón. Apoyada junto al teléfono escucha.
Nada, ni un solo mensaje.
En silencio entonces se pierde en el pasillo rumbo a su dormitorio.
Ezequiel tambaleante, apenas alcanza a llegar al sofá donde se desploma abatido y cierra los ojos.
El departamento es un desastre. Cientos de botellas vacías, vasos sucios, ceniceros malolientes, servilletas de papel, cajas de pizza, apuntes rotos, paredes y alfombras manchadas.
Después de un rato, Ezequiel abre los ojos como recordando algo y se incorpora con esfuerzo.
Camina rápidamente por el departamento rumbo a las habitaciones de servicio.
Se detiene frente a puerta de Loly y sigilosamente abre la cerradura con la llave que ha quedado del lado de afuera.
Sentada en la cama sola y en la penumbra de la habitación cerrada, la muchacha, con la cara escondida detrás de sus largos cabellos negros, se balancea muda esperando que alguien le venga a abrir.
Ezequiel se acerca lentamente sin decir nada y se para frente a ella.
Loly no levanta la cabeza.
Después de un largo rato, Ezequiel estira lentamente la mano y le acaricia un poco el cabello, pero la muchacha corre la cabeza evitando el contacto.
Ezequiel parece reflexionar por un instante y después se aleja.
Pero no mucho, porque no alcanza a alejarse más de dos metros cuando vuelve sobre sus pasos y cae de rodillas delante de Loly agarrándole las manos
Loly se mantiene inmóvil. Ezequiel le besa las manos y esconde la cabeza en el regazo.
Lentamente entonces, la mano de Loly se posa sobre la cabeza de Ezequiel y empieza a acariciarlo.

Corte a:

Interior día / En la vieja panadería de don Mariano

El maestro panadero decora el pastel con viboritas de merengue. Más atrás otro muchacho va y viene con canastos de pan fresco y medialunas.
Hacia el fondo del local, sentado en la pequeña y oscura oficina, don Mariano cuenta uno a uno en un pequeño fajo de billetes y agrega también algunas monedas.
En ese momento entra José, su hijo mayor, con la recaudación de los repartos.
José:
Hola papá.
Don Mariano levanta la cabeza y saluda con un gesto.
José:
Y?... Cuánto hay?
Don Mariano:
No alcanza.
José:
Pero cuánto hay?... Cuánto hay?... Tomá acá hay seiscientos...
José abre su agenda, saca algunos otros billetes y los suma a la pequeña pila que ha juntado su padre.
Don Mariano:
Igual no alcanza... No llegamos ni a la mitad... Y encima se viene el aguinaldo...
José:
Uf!...
Suena el teléfono.
El joven se levanta agarra el tubo y contesta:
José:
Panadería...

Corte a:

Interior día / En la habitación de Ramiro

Ramiro duerme con la cabeza bajo la almohada.
En la habitación, alta y antigua entra demasiada luz.
Una mujer vieja, de cerca de noventa con una nube en el ojo, lo mira en silencio por el resquicio de la puerta algo abierta.

Corte a:

Interior día / En el living de la casa de Ramiro.

Sentada en el sillón, la vieja saca trabajosamente el tejido de adentro de la bolsa.
Después de un largo rato, aparece Ramiro con unos calzoncillos de cartoons y una remera y se sienta junto a la vieja, frente al mate.
Bosteza y sin esperar ninguna indicación se calza una madeja de lana entre los antebrazos.
Ahora, lentamente la vieja enrolla un gran ovillo, desarmando los aros de lana que Ramiro mantiene con los antebrazos.
Uno a uno se van yendo los hilos de los brazos de Ramiro, que chupa el mate cuando puede.

Corte a:

Exterior día / En una vereda cercana del barrio de Martín

Martín y José caminan en silencio por la vereda sombreada.
José unos pasos más atrás.
Se acercan a la camionetita de la panadería. José se adelanta, mete la llave en la puerta del acompañante y abre. Cuando Martín mete la cabeza subiéndose al vehículo, José le cierra la puerta con violencia atrapándole la cabeza.
Martín grita y trata de zafar, pero José, que es mucho más grandote y musculoso aprieta cada vez más.
Entonces sin aflojar se acerca a Martín y le habla con furia.
José:
Es la última vez hijo de puta!... Entendés?... La próxima te dejo ahí hasta que te cojan y te revienten el culo... Los chorros y los canas...
Entonces José afloja la puerta que lo acogotaba y agarrándolo por los pelos le hace cabecear el parante varias veces.
Martín sangra.
José:
Pelotudo de mierda!... Pronto vas a ser mayor de edad y se te acaba la joda, boludo; no te das cuenta?!... Pelotudo, pelotudo de mierda!
Ahora sí José lo suelta y camina hasta la puerta del conductor.
José:
Subí!... Boludo.
La camionetita arranca.
La voz de José en off:
El tiempo vuela boludo!... Demasiado pronto se empieza a cosechar...
La voz de Martín en Off:
Calláte gil!
Ya la camioneta se pierde en las calles arboladas.