miércoles, abril 04, 2007

Serotonina. Divino tesoro III

Secuencia elaborada.

Suena “Al olor del hogar” de la Bersuit.
Sol se maquilla adentro de un camarín junto a otras chicas igual de atractivas.
Cuando termina de pintarse la boca le da un beso al espejo dejando marcado el rouge. Después sale.
Camina por unos corredores penumbrosos abarrotados de utilería hasta que sale de atrás de las bambalinas.
Está en un casting vestida de hippie.
La luz frontal la enceguece, pero cubriéndose un poco los ojos alcanza a divisar a unos tipos que la observan desde la oscuridad detrás de la cámara.
Un par de asistentes van y vienen por el pequeño lugar. Uno de ellos le acerca una banqueta, otro acomoda por detrás un tapón pintado de cielo.
Sol trata de mostrarse segura de si misma y acostumbrada al ajetreo.
Ahora se le acercan el director del casting y varias otras personas que le dan algunas indicaciones y le hablan todos al mismo tiempo; Sol asiente con la cabeza y sigue esforzándose por ver quiénes quedaron detrás de la cámara. Se acerca una chica, le alcanza un helado y sale rápidamente dejando el cuadro libre.
Se enciende otra luz a espaldas de Sol y alguien parece gritar acción.
Sol se presenta, dice algunas pavadas y contesta lo que le preguntan. Después de un rato el helado comienza a chorrearle por la mano.
Siguen preguntándole tonteras.
Por fin arranca.
Sol empieza a lamer el helado y después a chuparse la punta de los dedos chorreados.
En el monitor de video los productores pueden verlo, son imágenes muy seductoras pero no lascivas. Sol sabe lo que hace.
Corte.
Sentado en un umbral, cerca de la esquina, Martín mira su reloj y se pone de pié.
Lleva una mochila en la espalda y unos útiles en la mano.
Se descuelga la mochila, la abre todo lo que puede y se queda quietito esperando.
De pronto hechos una tromba, doblan la ochava dos tipos que vienen corriendo y uno de ellos arroja algo adentro de la mochila abierta de Martín. Martín la cierra rápidamente, se la cuelga en la espalda y sale caminando muy tranquilo con los útiles en la mano. Al instante se cruza con los canas perseguidores que vienen corriendo detrás de los tipos y que ni siquiera se fijan en él.
Martín se pierde entre el gentío de la peatonal.
Corte.
Sola en su cuarto, Guadalupe enchufa el usb a la cámara y se pone a descargar en la compu las fotos de la fiesta.
Las mira rápidamente y se detiene en una donde puede verse a Ramiro caminando hacia la cámara.
Se queda un rato largo mirando la pantalla y después manda a imprimir.
Mientras espera la impresión, sale del cuarto y camina hasta la cocina.
Vuelve a su cuarto con una coca en la mano.
Saca el impreso, recorta el papel sobrante, agarra un portarretrato donde puede verse a Ezequiel, saca la foto de Ezequiel y pone en su lugar la de Ramiro.
Después agarra el portarretratos y prueba de ponerlo en distintos lugares de su habitación pero ninguno le convence.
Finalmente lo esconde debajo de su almohada.
Corte.
Ezequiel recorre la habitación contigua, la de sus padres.
Abre los cajones de la mesa de luz. Se recuesta sobre la cama. Aburrido juega con los controles automáticos de las persianas. Con el control remoto enciende y apaga la gran pantalla de plasma, una y otra vez.
Corte.
Sentado en el sofá de su casa, Ramiro lee en voz alta un pasaje de “Las Fantásticas Aventuras de Gordon Pymm” mientras la vieja teje sentada a su lado.
Después de un rato, la vieja se levanta trabajosamente y prueba la medida del tejido estirándolo sobre la espalda de Ramiro.
Termina la canción.

Corte a:

Interior noche / En la vieja panadería de don Mariano

Martín llega a la panadería, saluda y pasa por una puerta detrás del mostrador.
Se mete en la zona de horno y amasado. Saluda al muchacho de los canastos que está saliendo, pero este no le contesta.
Pasa por la oficina donde está su padre solo. Mete la cabeza y saluda.
Martín:
Hola pa...
Don Mariano:
Vení, vení que necesito hablar con vos.
Martín:
Ahora?... Ahora no puedo... Después hablamos...
Don Mariano:
Pasá ya!... Ahora!... Pasá y sentate ahí!
Martín de mala gana entra protestando en la oficina
Martin:
Ufa man!... Qué pasa?
Don Mariano:
Despedimos a Daniel
Martín:
Con razón no me saludó el boludo ese... Y?
Don mariano:
Vas a prender el horno martes y jueves...
Martín:
Noooo!... No, no, no!... Por qué yo?... Qué mierda hice?... no, no!
Don Mariano:
Siiiii!... Si, si!... Yo lo voy a prender lunes, miércoles y viernes... Y tengo cuatro veces tu edad...
Martín:
Y José?... Qué mierda hace José?
Don Mariano:
Cómo qué hace?... El reparto, te parece poco?... El reparto hace tu hermano... Todos los días... Además tiene que atender a su propia familia... Qué querés?
Martín:
Pero que mierda che!... Y por qué lo corren al puto ese de Daniel... Qué bajón!
Don Mariano:
Por que no le podemos pagar.
Martín:
Y yo qué culpa tengo?... Qué mierda tengo que ver yo?
Don Mariano se levanta, se acerca a Martín y mirándolo a los ojos le dice:
Don Mariano:
Necesitamos que nos ayudes porque esto se va a la mierda... Necesitamos que dejés de boludear... Pará de salir todos los días, de volver a cualquier hora... Ya está, ya está!...
Entendés?... Necesitamos ayuda acá!
Martín:
Pero no papá!... No!... Yo tengo cosas que hacer!... No quiero terminar esclavo de esta mierda como vos y el otro boludo de José... Cuando menos me de cuenta voy a tener cincuenta años prendiendo el horno como un tarado!
Don Mariano se pone más violento:
Don Mariano:
Vas a prender el horno los martes y jueves, aunque tenga que reventarte la cabeza a patadas!... Entendés?
Martín se levanta gritando, arrastrando la silla y pateando la puerta sale de la oficinita.
Martín:
La puta madre que lo parió!... Qué condena!... La concha de su madre, qué condena!...
Don Mariano se queda otra vez solo, apoyado en el escritorio.

Corte a:

Interior día / En la habitación de Sol

Tiradas en la cama Guadalupe y Sol vaguean plácidamente.
Guadalupe hojea una Dmode y Sol muy de entrecasa se pinta las uñas de los pies.
En la compu de Sol suena Turf muy bajito.
Entra su mamá, con una máscara de crema cubriéndole la cara y el pelo.
La mamá:
Tomá Solcito, tenés teléfono... Hola Guada!
Le pasa el inalámbrico y sale del cuarto.
Sol atiende.
Sol:
Hola... Si, si... Ahora?...Mmmmm... Sí, si me interesa pero no sé si llego... Bueno, está bien voy para allá... Cuánto?... Si está bien, no es mucho pero está bien... Dale nos vemos allá... Vos vas?... Bueno, ahí nos vemos... Chau!
Guadalupe:
Che a tu vieja no le conozco la cara...
Sol:
Yo tampoco... Ja, ja!... Pero es igualita a mi, no te preocupés... Ja, ja ja!
Sol se tira para atrás y resopla un poco fastidiada.
Sol:
Ufa!... Hay un casting ahora, me tengo que ir.
Guadalupe:
Ya te vas?
Sol:
Y... en un ratito.
Guadalupe:
Y cómo te fue el otro día?
Sol:
Hummm! Más o menos. Era un comercial pedorro de helados... Ni me presenté al final...
Guadalupe:
Sol...
Sol:
Hummmm?
Guadalupe:
Te gusta ese laburo de verdad?
Sol:
Claro nena!... Si no, no lo haría!... Me encanta!... Me quiero ir a Europa.
Guadalupe:
Europa?... Por qué Europa?... No te va bien acá?
Sol:
Siii,si, me va bien peroooo... No sé, no quiero terminar como mi vieja loca; se rompió el culo haciendo este laburo y mirala ahora tiene cuarenta años y está acabada... No, ni en pedo, me mato antes de terminar así: madre soltera, sin un mango, olvidada... Mirá, en este país podes vender merca, armas, niños; traficar órganos o hacerte puta o evangelista... Pero lo único que da acá enserio es el choreo nena!...
Guadalupe:
Y está bueno el laburo?
Sol:
Yyyy si!... Un rato es divertido, pero son todos son medio boludos he!... Yo nunca sé muy bien quién es quién ahí... Todos dan órdenes, al final una nunca sabe quien mierda es el que manda... Que parate aquí, parate allá; moveme el culo, saca las tetas... No sé... Creativos, directores, productores... Son todos medio babosos viviendo en una nube de pedo!...
Guadalupe:
Y porqué seguís laburando ahí?
Sol:
Por que me gusta!... Ya te dije.
Sol hace un esfuerzo, se levanta y comienza a prepararse para salir.
Guadalupe deja la revista y se sienta en la cama a observarla y a sacarle fotos
Guadalupe:
Sos linda he!
Sol:
Hummm!
Guadalupe:
Yo me voy a empezar a vestir como vos.
Sol:
Ja, ja! Te presto ropa si querés... O vamos a comprar mejor un día; con la tarjeta de tu papá...
Guadalupe:
Dale deberíamos ir un día... Pero igual mis viejos no me da ninguna tarjeta he?... Bastante miserables que son...
Sol:
Heee!... No te quejés... Qué tendría que decir yo que desde los nueve años que laburo?...
Guadalupe:
No, si no me quejo... Pero no es que tengo tanta guita he!... Mis viejos nos habilitan una guita mensual y todos los gastos están cubiertos, pero no tengo así, acceso ilimitado a una cuenta...
Sol:
Che, al final; tus viejos, qué mierda hacen?
Guadalupe (contesta vagamente):
La verdad que no sé... Hacen comercio exterior y no sé que transa tienen con la cancillería o el ministerio de economía, no sé muy bien.
Sol:
Son truchos?... Ja, jaja!
Guadalupe:
Si, creo que si.
Sol:
Y ahora dónde están?
Guadalupe:
En Davos... No, en Siria... No, no; qué Siria?... En Miami...
Guadalupe se queda pensativa por un momento. Después agrega:
Guadalupe:
La verdad, es que no sé dónde mierda están... Tienen que llamar en cualquier momento.

Corte a.

Exterior día / En las vereda de la panadería

Martín saca su bicicleta por una puerta lateral pegada al negocio.
Se cuelga la mochila en la espalda, se calza unos auriculares y oprime “play” en su diminuto I´pod.
Empieza a sonar Molotov; “Chinga tu madre”
Se sube a la bici y empieza a pedalear. Viaja algunas cuadras cruzándose con los mil personajes del barrio: los pibes de la esquina; la doñas que conversan escoba en mano; los cartoneros en la puerta del súper, las colegialas de corbatita...
Corte.
Por fin llega a una especie de fábrica abandonada; se baja de la bici y golpea.
Alguien le abre la puerta y él se pierde en el interior.
Corte.
Camina por sórdidos pasillos con un mastodonte detrás de él.
Entra un una oficina donde lo espera un gordo inmenso que habla por teléfono.
Al ratito cuelga y lo saluda con sonrisas.
Martín responde igual.
Después se sienta frente al escritorio, saca de su mochila una cartera negra de mujer y se la alcanza al gordo.
El gordo se limpia las manos en el pantalón y agarra la cartera.
La abre, saca algunas cosas de adentro y entre ellas saca un montón de billetes atados con una gomita del banco.
Ríe el gordo; ríe Martín.
Entonces el gordo separa unos cuantos billetes y se los pasa a Martín, que poniéndose de pié los guarda en el bolsillo.

martes, abril 03, 2007

Catacumba 5


“…Cuanta ciudad, cuanta sed!… Y tú, un hombre solo…”
Es lo primero que suena en la cabeza de José Luís; incluso antes de abrir los ojos. Ya pasada las cuatro, el sol atraviesa la ventana descubriendo el creel que flota en el encierro.
9 % de crecimiento anual? Las bolas te deben crecer al 9 %, conchudo!... Para todo tienen una respuesta?.... Uno no puede salir de las preguntas más elementales y ustedes no paran de tenerla clara!...
A partir de ahí ya no se entiende. El lápiz se ha deslizado exhausto agujereando un poco el papel. Además la escritura se ha humedecido con la baba de José Luís, dormido sobre la nota.
Pero ahora se despierta. “…Cuanta ciudad, cuanta sed!… Y tú, un hombre solo…”; de dónde era eso?, se pregunta.
Al cabo está sentado en bolas bajo la ducha.
Se mira las piernas flacas y débiles; escupe el agua que se le filtra por las comisuras de los labios.
Cuando sale a la calle, levanta un pucho que alguien tiro por la mitad. Camina lentamente hasta la farmacia de Oscar y cuando el local se vacía un poco, se acerca hasta su amigo detrás de la caja y le mangua dos pesos.
Para en un kiosco, compra tres cigarrillos sueltos y encara hacia Almagro.
Porque habré confiado tanto en la poesía? Qué me llevo a creer que las ideas me iban a salvar? Cuándo encontré la certeza de que el destino quedaba escrito con solo imaginarlo?... Que ingenuidad!. Cuándo, cómo, dónde es que el futuro se te hace esquivo? Te suelta la mano y te abandona a tu suerte. A la deriva transitas sobre el final manoteando esa materia endeble e inasible de la que están hechos los sueños…. Obvio, de ahí no te podes agarrar! El secreto debe ser, darse cuenta a tiempo!.
Atraviesa la plaza y se detiene un momento en el centro. Desde ahí puede observar las cuatro esquinas. El oeste parece ser el lugar.
Se quita el saco roñoso y trata de llegar derecho hasta una de las mesas de la vereda.
Al cabo, un suculento churrasco y sus esposas papas fritas, calman al voraz José Luís. Ha pedido un vaso de vino y soda.
La noche es calma y silenciosa. Salvo por los frenos del 92 que tiene parada junto a las mesas.
Cada tanto, el viento se escapa de los tilos de la plaza, se cuela por el ventanuco de chapa y le arranca bocanadas de humo a la parrilla.
Casi no hay gente. Adentro uno, o dos quizás, comiendo choripán en la barra de tablas. El pibe mozo conversando con ellos y el parrilllero de espaldas, azuzando las carnes. Y acá en la vereda, doblando un poco la ochava, una parejita con una coca grande.
Disimuladamente José Luís, que ya ha terminado de comer, saca una botellita de plástico del bolsillo interno de su saco y la llena con el vino de su vaso. Bebe algo de soda y ordena el cuarto vaso. Cuando se lo traen, pide fuego para el primero de sus puchos. Estira las piernas y apoya la cabeza en la pared.
Pasa el tiempo y como se acerca la hora de cenar empieza a llegar alguna gente. Un par se arrima a la ventana y ordena desde ahí. Tres amigas elijen una mesa junto a la parejita de la coca. Viene el pibe y las atiende.Vuelve adentro, habla con el parrillero y se pierde detrás de las heladeras.
“El que no llora no mama… Y el que no afana es un gil”, piensa José Luís apurando el vino.
Una señora con bolsas se para junto a la mesa y al ratito estira el brazo. Las tres amigas cuchichean algún secreto. La parejita se hace algunos arrumacos. El pibe sigue en las heladeras y el parrillero quemándose la panza.
Los frenos del 92 coinciden con la humareda que envuelve a la esquina. El se para, tira el pucho y mira para adentro.
Un instante después de ponerse en marcha, sin que nadie, ninguno de los presentes se dé cuenta; José Luís se escapa subiéndose en dos trancos al bondi, detrás de la señora que ya casi se ha sentando.
“…Cuanta ciudad, cuanta sed!… Y tú, un hombre solo…”… Ah! Ya sé; es de Almendra!
Ahora el bondi se pierde en la noche.

domingo, abril 01, 2007

Serotonina . Divino Tesoro II.


Exterior Noche / En la vereda de la costanera:

Continúa la música anterior.
Por la costanera, con los pelos al viento, la pandilla camina en cámara lenta.
Rozagantes, vitales, lindos, llenos de energía.
Conversan y ríen muy animados.
Martín bebe de una botellita de cerveza y se la pasa a Sol que camina junto a él con el maquillaje un poco corrido.
Ezequiel recibe un porro de manos de Ramiro. Más atrás Guadalupe se entretiene revisando las fotos que ha registrado con su camarita.
Se acercan a una estación de servicio en donde alguien ha dejado su auto junto al surtidor con la puerta abierta y se ha metido en el mini mercado.
Martín se ha dado cuenta del descuido y se separa del grupo para dirigirse a los baños de la estación.
Por indicaciones de él, los otros continúan con la caminata.
Martín no entra al baño, en cambio se queda parado en la puerta, esperando el momento.
Cuando el encargado del surtidor se distrae para cobrarle a otro cliente, Martín se acerca sigilosamente al auto abierto, saca las llaves de la tapa del tanque que ha quedado arriba del techo; se mete en el auto y arranca haciendo chillar las ruedas.
La manguera del surtidor se desprende volando por los aires y salpicando nafta para todos lados.
Todos salen corriendo detrás del coche que se detiene a unos cincuenta metros para que suban matándose de risa; Ezequiel, Sol, Guadalupe y Ramiro.
El auto vuelve a arrancar y se pierde velozmente por la avenida vacía mientras termina la canción.

Funde a negro.

Exterior día / En algún lugar de los bosques de Palermo.

Amanece ya en el parque.
Martín está tirado boca abajo sobre el pasto.
Con las primeras luces de la mañana Guadalupe sacude urgentemente a Ezequiel que está medio desvanecido en el asiento delantero.
Guadalupe:
Vamos boludo!... Vamos movéte... Dale!
Ezequiel vuelve en si poco a poco y cuando recupera su sentido de la ubicación se baja rápidamente del auto.
Juntos corren hasta Martín.
Ezequiel y Guadalupe:
Vamos boludo!... Levantate...
Martín no puede responder nada. Inconsciente se babea sin abrir los ojos.
Los otros insisten tratando de levantar ese peso muerto.
Ezequiel y Guadalupe:
Dale gil!... Corré, corré!
Lejos se escucha la sirena de la policía acercándose.
Finalmente, Ezequiel y Guadalupe se dan por vencidos y salen corriendo atravesando el parque.
Martín se queda tirado ahí donde está sin ninguna posibilidad.
Más atrás, el auto que han robado, humea grandes volutas estrellado contra un árbol.
Ramiro y Sol no están por ningún lado.

Corte a:

Interior día / En el dpto. de Sol.

Ojerosa, agotada; Sol entra en su casa.
Es un departamento mediano, decorado hace treinta años con muy buen gusto y materiales caros, pero que hoy está deslucido, arruinado, envejecido. No es “retro”, sino viejo. En una de las paredes cuelga una gran foto de la mamá de Sol en sus épocas de esplendor como modelo publicitaria.
Sol cierra y en silencio se pierde rumbo a su cuarto.
Agarrándose la cabeza, con un poco de resaca, entra a la pieza.
Saca un calzoncillo de su carterita y lo clava con un alfiler junto a otros que ya cuelgan en el interior de la puerta de su placard.
Después se desploma sobre la cama.

Corte a:

Interior día / En el palier del edificio de Ezequiel y Guadalupe.

Agitados y cuidándose las espaldas, Ezequiel y Guadalupe llegan a su edificio. Un encargado les abre la puerta y ellos caminan hasta el ascensor.
Llaman y suben.
Una vez adentro del ascensor ambos le dan rienda suelta a la agitación de haber corrido tanto y tratan de recuperarse respirando hondo.
De pronto Ezequiel comienza a sentirse muy mal; se apoya en el espejo y siente unas nauseas incontrolables.
Sin poder evitarlo, vomita en el piso con un caudal impresionante.
El chorro salpica los zapatos de Guadalupe que hace muecas de asco y se tapa la cara con las manos para no mirar.
El ascensor llega hasta su piso y se bajan, Guadalupe asqueada tapándose la nariz y Ezequiel tambaleándose por la descompostura.
Las puertas se cierran y el ascensor se va llevándose ese charco pestilente quién sabe a qué piso.
Mientras Guadalupe mete las llaves y abre la puerta Ezequiel dice:
Ezequiel:
Que sorpresita he?
Entonces ambos estallan en carcajadas imaginándose la cara del próximo que abra el ascensor.

Corte a:

Interior día / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe

Entran a casa matándose de risa.
Guadalupe encara directamente hacia el contestador y pulsa el botón. Apoyada junto al teléfono escucha.
Nada, ni un solo mensaje.
En silencio entonces se pierde en el pasillo rumbo a su dormitorio.
Ezequiel tambaleante, apenas alcanza a llegar al sofá donde se desploma abatido y cierra los ojos.
El departamento es un desastre. Cientos de botellas vacías, vasos sucios, ceniceros malolientes, servilletas de papel, cajas de pizza, apuntes rotos, paredes y alfombras manchadas.
Después de un rato, Ezequiel abre los ojos como recordando algo y se incorpora con esfuerzo.
Camina rápidamente por el departamento rumbo a las habitaciones de servicio.
Se detiene frente a puerta de Loly y sigilosamente abre la cerradura con la llave que ha quedado del lado de afuera.
Sentada en la cama sola y en la penumbra de la habitación cerrada, la muchacha, con la cara escondida detrás de sus largos cabellos negros, se balancea muda esperando que alguien le venga a abrir.
Ezequiel se acerca lentamente sin decir nada y se para frente a ella.
Loly no levanta la cabeza.
Después de un largo rato, Ezequiel estira lentamente la mano y le acaricia un poco el cabello, pero la muchacha corre la cabeza evitando el contacto.
Ezequiel parece reflexionar por un instante y después se aleja.
Pero no mucho, porque no alcanza a alejarse más de dos metros cuando vuelve sobre sus pasos y cae de rodillas delante de Loly agarrándole las manos
Loly se mantiene inmóvil. Ezequiel le besa las manos y esconde la cabeza en el regazo.
Lentamente entonces, la mano de Loly se posa sobre la cabeza de Ezequiel y empieza a acariciarlo.

Corte a:

Interior día / En la vieja panadería de don Mariano

El maestro panadero decora el pastel con viboritas de merengue. Más atrás otro muchacho va y viene con canastos de pan fresco y medialunas.
Hacia el fondo del local, sentado en la pequeña y oscura oficina, don Mariano cuenta uno a uno en un pequeño fajo de billetes y agrega también algunas monedas.
En ese momento entra José, su hijo mayor, con la recaudación de los repartos.
José:
Hola papá.
Don Mariano levanta la cabeza y saluda con un gesto.
José:
Y?... Cuánto hay?
Don Mariano:
No alcanza.
José:
Pero cuánto hay?... Cuánto hay?... Tomá acá hay seiscientos...
José abre su agenda, saca algunos otros billetes y los suma a la pequeña pila que ha juntado su padre.
Don Mariano:
Igual no alcanza... No llegamos ni a la mitad... Y encima se viene el aguinaldo...
José:
Uf!...
Suena el teléfono.
El joven se levanta agarra el tubo y contesta:
José:
Panadería...

Corte a:

Interior día / En la habitación de Ramiro

Ramiro duerme con la cabeza bajo la almohada.
En la habitación, alta y antigua entra demasiada luz.
Una mujer vieja, de cerca de noventa con una nube en el ojo, lo mira en silencio por el resquicio de la puerta algo abierta.

Corte a:

Interior día / En el living de la casa de Ramiro.

Sentada en el sillón, la vieja saca trabajosamente el tejido de adentro de la bolsa.
Después de un largo rato, aparece Ramiro con unos calzoncillos de cartoons y una remera y se sienta junto a la vieja, frente al mate.
Bosteza y sin esperar ninguna indicación se calza una madeja de lana entre los antebrazos.
Ahora, lentamente la vieja enrolla un gran ovillo, desarmando los aros de lana que Ramiro mantiene con los antebrazos.
Uno a uno se van yendo los hilos de los brazos de Ramiro, que chupa el mate cuando puede.

Corte a:

Exterior día / En una vereda cercana del barrio de Martín

Martín y José caminan en silencio por la vereda sombreada.
José unos pasos más atrás.
Se acercan a la camionetita de la panadería. José se adelanta, mete la llave en la puerta del acompañante y abre. Cuando Martín mete la cabeza subiéndose al vehículo, José le cierra la puerta con violencia atrapándole la cabeza.
Martín grita y trata de zafar, pero José, que es mucho más grandote y musculoso aprieta cada vez más.
Entonces sin aflojar se acerca a Martín y le habla con furia.
José:
Es la última vez hijo de puta!... Entendés?... La próxima te dejo ahí hasta que te cojan y te revienten el culo... Los chorros y los canas...
Entonces José afloja la puerta que lo acogotaba y agarrándolo por los pelos le hace cabecear el parante varias veces.
Martín sangra.
José:
Pelotudo de mierda!... Pronto vas a ser mayor de edad y se te acaba la joda, boludo; no te das cuenta?!... Pelotudo, pelotudo de mierda!
Ahora sí José lo suelta y camina hasta la puerta del conductor.
José:
Subí!... Boludo.
La camionetita arranca.
La voz de José en off:
El tiempo vuela boludo!... Demasiado pronto se empieza a cosechar...
La voz de Martín en Off:
Calláte gil!
Ya la camioneta se pierde en las calles arboladas.

viernes, marzo 30, 2007

Catacumba 4


José Luís termina de escribir y de pronto lo asaltan dos pensamientos inesperados. Por un lado intenta recordar cómo era su vida antes. Antes de la desazón. Que hacían él y sus amigos? Cuáles eran las cosas que pensaba? En dónde tenía depositadas su certezas? A dónde iba? Cuáles eran las cosas que lo hacían reír y cuáles llorar?
Y por otro lado se pregunta inútilmente cómo es que ha llegado hasta acá? Se encuentra rodeado de extraños! Silencioso; con muy pocas cosas para decir y nada de ganas para hacerlo. Cuál es el desvío que ha pifiado? En quién ha depositado erradamente su energía?
Mastica el culo del lápiz. Boca abajo aprieta la cintura contra la almohada y sin más prolegómenos empieza a masturbarse. Demora horas. La imaginación se resiste. Las mujeres de su vida se desvanecen. Hasta la piba del colectivo se esfuma en la vorágine de preguntas. Por fin una patética fantasía viene a socorrerlo: la locutora del informativo luce un escote levemente pronunciado. Llora. Acaba contra la pantalla del televisor justo cuando el limpiapisos milagroso interrumpe a la locutora. Cae rendido. “Cómo es que a esta altura tengo más preguntas que respuestas?”. Se dice.
Al poco rato se encuentra en calzoncillos y medias limpiando la pantalla.
Más tarde beberá mate cocido, algo que siempre odió; comerá el último tomatito de una planta que ha conseguido hacer brotar en su balcón; y hasta se sorprenderá a sí mismo mordisqueando un jabón!
Aburrido, insomne, inútil; agarrará sus doscientos cds, testigos de otra vida; y se pasará horas mezclando aleatoriamente tapas y discos. “Los niños que escriben en el cielo” en la caja de “Stan Getz”, uno de Miles en la caja de “Strombinguer” ; y así. Dino Saluzzi en la etiqueta de “Pictures at eleven”.
Ya cerca del amanecer, mientras deshoja sus libros al viento del balcón, recuerda un episodio: durante la tarde, cuando ya estaba en camino a su casa, abandonando la plaza de la hormonas; ha entrado en varios comercios a pedir que le cambien un billete de dos pesos por dos monedas de uno para poder pagar el puto colectivo que solo acepta monedas. Obviamente todos le dicen que no, porque ya es bien sabido que en esta ciudad, cuanto más hijo de puta sos mejor te sentís; hasta que por fin un muchacho gordo parado detrás de la caja de una rotisería le dice: “ Si, viejo; como no, acá tenés”; él, José Luís, que había entrado ya resignado a la negativa; se emociona, porque últimamente se emociona por cualquier boludéz; y sale del local con las dos monedas y los ojos llenos de lágrimas. No entiende porque le pasa eso. Se le está volviendo habitual: se sorprende y se emociona profundamente También llora y bufa de odio, cuando el cartonero es un niñito. Pero además llora cuando recuerda estas cosas; como ahora, mientras arroja al vacío las últimas paginas de las “Memorias del subsuelo”.

Buenos Aires nos mira!

No conozco a los autores. Creo que están en Barracas!
Corto (o sigo?)
Un cortometraje complicado.
Si laguien se copa en producirlo, yo lo dirijo!


Función continuada.


El campanario se eleva por encima de las copas de los árboles.
Franquea la entrada, una pesada reja de hierro trabajado y después del patio, tres puertas ojivales de gruesa madera.
El tullido entra en escena acercándose lentamente hasta el portón. Busca en el manojo de llaves y destraba el candado que sujeta el pasador. Entre los ruidos de metales empiezan a repicar las campanas.
Mientras el tullido lucha con las rejas, las puertas de madera se abren de par en par.
Aparecen los novios saltando de contentos y cien amigos y parientes que rodean a la pareja y la estrechan en abrazos.
Por las puertas laterales siguen apareciendo invitados; todos vestidos para la ocasión.
Lentamente, uno a uno, van turnándose para saludar a los novios y después de hecho, buscan algún lugar del patio donde pararse a conversar sin estorbar.
Alguien tira puñados de arroz y pétalos multicolores.
Los novios no paran de besar mil mejillas perfumadas.
Llora la suegra e intenta consolarse levantando a una niñita que también llora.
Algunos adolescentes enredan la larga cola del vestido con la bisagra de la puerta y corren a esperar.
Aparece el cura saliendo por un puertita pequeña que debe dar a la sacristía. Fuma un puro inmenso y pesadamente trepa unos escalones hasta donde están los novios y entre sonrisas y movimientos de la cabeza les sopla el humo en la cara.
Finalmente la pareja se estrecha en un largo beso y entre aplausos y vítores la novia arroja el ramo entre las solteras.
Después, tomados de la mano bajan corriendo las escaleras, la cola se tensa, enredada como está, y a mitad de carrera la novia pierde el vestido en medio de una estruendosa carcajada general.
Entre la risa incontenible y el humo del cigarro, se ahoga el cura y tose apoyándose en una columna.
Algunos juegan con la larga cola blanca.
La suegra ya no llora y con la boca abierta señala a la pobre muchacha que se ha quedado parada en medio de la hilarante multitud. La enaguas, el corsé y el velo es todo lo que le ha quedado. Estalla en llantos y se cubre la cara avergonzada. El marido la abraza y hecha una mirada de odio a la gente que no para de reírse; después se pierden en el auto negro que no demora en arrancar.

En eso vuelve a aparecer el tullido entre la gente, también sonríe, desdentado. Lleva el canasto de la limosna en la mano y de allí va sacando cigarrillos que reparte entre todos los invitados.
Una a una, las personas encienden cada uno el suyo y se dedican a fumar y continuar charlando.
Se estaciona un nuevo auto junto a la vereda y se bajan un nuevo novio y su padre. Cruzan el portón abierto y entre algunos saludos y bienvenidas suben la escalera y se internan en la iglesia.
El cura saluda al paso metiéndose el cigarro en la boca y se apresura a perderse en la sacristía. Entra y antes de comenzar a vestirse, apaga el cigarro en un cáliz dorado que ha quedado junto a las ostias.
Poco a poco la gente vuelve a meterse en el templo demorando las últimas pitadas.
A medida que van entrando, arrojan las colillas a la pira de agua bendita que hay junto a cada puerta y se acicalan un poco mientras buscan su lugar entre los bancos.
En la taza de mármol van apilándose miles de cigarrillos medio fumados.
Cuando ya casi no queda nadie en el patio, llega la nueva novia que se baja radiante de un auto verde, se bajan con ella su hermano y su madre y se apresuran para entrar a la iglesia.
Algunas viejas arrastran de las orejas a los niños más rezagados y por fin, cuando ya no queda nadie en el patio, las puertas de madera se cierran.
El tullido vuelve a juntar las pesadas rejas, prepara el candado y con el estruendo del pasador, funde a negro.
Serotonina. Divino Tesoro I
Aca empieza otra serie de entregas. Se trata del guión de un largometraje que iré publicando parcialmente.
Ahora, las primeras escenas.

Serotonina. Divino tesoro
En progreso
11-04-05
(E 381617)


Fondo negro. Sobreimpreso:

“Con el hilo de tu madeja, teje la vida su telaraña”...
(Comienza el tic tac de un reloj que estará presente durante toda la película.)

Corte a:

Exterior día / En la Autopista
Como un bólido aparece el Focus saliendo de la curva.
Ruge el pavimento debajo de las ruedas.
Corte.
En la cabina presurizada vibra el velocímetro y cascabelean encima de la luneta mil latas de cerveza.
Sentado al volante con los ojos enrojecidos, Ezequiel lucha contra el cansancio refregándose los ojos.
Martín fuma y mira hacia fuera por la ventanilla.
En el asiento de atrás Guadalupe y Ramiro duermen apoyados uno en el otro.
Corte.
Silban los perfiles del coche cortando el viento. La línea punteada se pierde debajo del auto a la velocidad del rayo.
Corte.
Ezequiel se estira para alcanzar una botellita de agua. La destapa con los dientes y se la vacía en la cabeza.
Por un momento cierra los ojos.
Cuando los vuelve a abrir varios autos se amontonan en una zona congestionada detrás de una ondulación del camino.
Chillan las gomas bloqueadas del Focus.

Corte a:

Interior noche / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe:

La mano de Ezequiel lleva y trae el disco de vinilo que chilla un poco bajo la púa.
De pronto lo lanza y estalla con potencia demoledora algún remix de Carl Cox.
Fiesta de egresado en el departamento de los chicos.
Ezequiel parado detrás de las bandejas, deja los auriculares y comienza a bailar y a moverse al ritmo frenético de la música.
Algunos chicos y chicas están tirados en sillones y conversan a los gritos.
Van y vienen cervezas, porros, cocas, aguas y algunas botellitas de jalea real. En otro sillón, Guadalupe sentada sola saca fotos con una cámara digital.
Otros chicos bailan en medio de la sala.
Gente que entra y sale rumbo al baño, a la cocina, al balcón.
Nadie supera los 22 años.
El volumen de la música es tan alto que no se escucha otra cosa. Hay media luz; luces de colores, lluvia de estrellas.
En algunos rincones más oscuros las parejitas se besan y toquetean.
Parado junto a Ezequiel está Ramiro que manos en los bolsillos, apenas se mueve tímidamente al compás.
Guadalupe desde su lugar no para de mirar y fotografiar a Ramiro que ni cuenta se da.
Tirado en el piso, ya medio borracho, Martín bebe otra cerveza y mira la fiesta distante, y algo aburrido.
De pronto se abre la puerta del palier y entra Sol acompañada por un par de pibas más.
Llega hecha una diosa.
Alocadamente patea la puerta y reparte unos piquitos a diestra y siniestra.
El flequillo de pelo negro le llega casi hasta las cejas; y rematan la melena dos colitas inocentes. De piel blanquísima con los labios rojos y los ojos negros; lleva puesta una camisita blanca de uniforme que no alcanza a cerrarse del todo sobre sus hermosos pechos bien afirmados por un corpiño de encaje; una pollera tableada de estudiante, soquetes y zapatitos abotinados.
Apenas entra ya está bailando sugestivamente y muchos aplauden esa entrada tan histriónica.
Trae algunos útiles en la mano y sin dejar de bailar se sube sobre la mesita ratona pateando al suelo vasos y botellas.
Parada ahí arriba se contonea sugerente al ritmo del tecno mientras destroza los libros y carpetas que trae en la mano y tira por el aire los pedazos de papel.
Caen al piso fórmulas matemáticas, mapas isotérmicos, retratos de próceres.
Guadalupe ríe y saca mil fotos de la escena. En un momento repara en Ramiro que embobado y con la boca abierta mira el despliegue de Sol sobre la mesita.
Ezequiel ríe a carcajadas mientras se calza de nuevo los auriculares.
Martín se apoya mejor en la pared para disfrutar del espectáculo.
Cuando ya ha destrozado todos los útiles, Sol levanta los brazos y agradece los aplausos.
Baja de la mesita y se tira en el sillón junto a Guadalupe que ha vuelto a sentarse.
Agitadísima se bebe en un largo trago una botellita de agua entera y después agarra a Guadalupe de las mejillas y la saluda con un largo beso en la boca.
Guadalupe ríe y se limpia los labios con cara de asco.
Sol se tira hacia atrás para recuperar el aliento apoyando la cabeza en el sofá.
Sobre el final del tema, Ezequiel ensaya un enganche perfecto.
La fiesta continúa.
Alguien abre la puerta y entra un muchacho con varias cajas de pizza y se abre paso como puede entre la semi oscuridad y los chicos que bailan a los saltos.
Ezequiel deja los auriculares y se acerca hasta Guadalupe y Sol que se acaba de sentar.
Saluda a la recién llegada con un beso y le festeja la gracia que acaba de hacer. Cuando se está alejando, Sol le tironea la remera. Ezequiel mete la mano en el bolsillo y le deja una pastillita roja sobre la palma de la mano extendida.
Guadalupe mira a Ramiro en el diplay de la camarita y este empieza a acercarse tímidamente, como es él.
A medida que se acerca Guadalupe no le saca los ojos de encima, entonces empuja a Sol para hacerle lugar entre el posabrazos y ella, pero Ramiro va a sentarse junto a Sol a la que saluda con un beso. Sol le responde casi con indiferencia y se pone a conversar con Guadalupe y otra piba que está por ahí cerca en el piso.
Ramiro se queda quietito, con las manos juntas sobre el regazo, tratando de mirar disimuladamente las piernas de Sol enfundadas en unas medias caladas.
Martín, que ha vuelto a aburrirse, se levanta y tambaleándose se pierde en la cocina.
Ezequiel revisa entre los discos de su caja hasta que encuentra lo que está buscando: Layo & Bushwaka en Ibiza. Saca el vinilo de la funda y lo calza en la bandeja desocupada. Se pone los auriculares para escuchar un previo, mueve hábilmente la púa y el disco hasta que encuentra el track que busca y entonces, cuando se dispone a mezclar, se percata del lugar vacío que ha dejado Martín.
Lo busca por toda la estancia con la mirada y nada. Están Ramiro, Sol, Guadalupe y todos los demás, pero Martín no.
El tema que está sonando se le empieza a terminar por la distracción y entonces manda apurado el enganche un poco desprolijo, cosa que todos reciben con abucheos y cargadas.
Ezequiel se ríe, pide disculpas en broma y retoma lo suyo.
Empieza a sonar It´s Up To You y Sol enloquece. Desenfrenada se lanza a la pista y se pone a bailar frenética y sensual con uno de remera roja.
Guadalupe y Ramiro se han quedado solos y calladitos sentados lado a lado. Disimuladamente Guadalupe se acerca un poco a él ocupando el lugar vacío.

Corte a:

Interior noche / En la cocina del lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe

Martín y un par de amigotes conversan y fuman porro apoyados en la mesada de la cocina que también está llena de gente.
Cuando la tuca ya está chiquitita, Martín la apaga sobre la lengua y después se la traga.
Camina hasta la heladera, se pierde dentro de ella y saca una botella de cerveza que bebe con fruición.
Después les hace una seña a los otros para que lo acompañen.
Y arrastrando a uno que es más rezagado se pierden en el pasillo oscuro que lleva al área de servicios.

Corte a:

Interior noche / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe

Ezequiel deja otra vez los auriculares y vuelve a recorrer el salón con la mirada para comprobar que Martín no ha vuelto.
Como ahora nadie baila, deja puesto un disco de Infeccious Grouves que arranca con una larga intro.

Corte a:

Interior noche / En la habitación de servicio del piso de Ezequiel y Guadalupe

En penumbras la muchacha de la casa, Loly, una linda mujer de unos treinta años duerme plácidamente.
De pronto la puerta se abre violentamente dejando entrar un poco del sonido que viene de la fiesta y recortando las siluetas de Martín y sus dos amigos. Loly se despierta sobresaltada y sentándose en la cama pregunta:
Loly:
Quién es, qué pasa?
Enciende el velador.
La puerta se cierra con un estruendo y Martín se abalanza y se le tira encima.
Loly grita y trata de resistirse pero es inútil.

Corte a:

Interior noche / En el lujoso piso de Ezequiel y Guadalupe

Ezequiel deja sus cosas y se interna en la casa.
El disco gira bajo la púa.
Durante toda su caminata, poco a poco va creciendo en intensidad y volumen la canción que ha dejado puesta.
Busca en la cocina donde aún están todos esos chicos bebiendo, fumando y conversando.
Abre la puerta del baño donde un par de chicas toman cocaína.
Camina por el pasillo esquivando una pareja que se revuelca en el piso.
Abre un cuarto donde se alcanza a ver un revoltijo de cuatro o cinco personas.
El disco gira bajo la púa. La intro de la canción está a punto de terminar
Detrás de otra puerta encuentra al de remera roja besándole las tetas a Sol.
Hasta que por fin encara hacia la habitación de servicio.
El disco gira bajo la púa.
Ezequiel golpea y abre.
Estalla la canción.
Ezequiel se queda duro esbozando una sonrisa perpleja sin saber que es lo que tiene que hacer.
Adentro los amigos de Martín, riendo estúpidos, sujetan los brazos de Loly y agarrándola de los pelos echan su cabeza hacia atrás.
Loly con el escote del camisón destrozado y las tetas al aire, ríe y se retuerce como tratando de zafar.
Martín, tirado encima de la mujer, la bezuquéa lascivamente y se da vuelta gritando para que Ezequiel cierre la puerta.
Ezequiel, aún azorado, no atina a hacer nada. Simplemente bailotea sobre sus pies y mira pasmado toda la escena.
Nada puede escucharse. Ni los gritos, ni las risas, ni las voces. Los riffs de guitarra y los gritos del cantante lo enmudecen todo.
“Cerrá, cerrá” Insiste Martín abriendo inmensa su boca en una mueca muda.

Funde a negro:

domingo, marzo 25, 2007

Catacumba 3


Me cago en dios, en los santos evangelios y en todo el puto santoral!
Veinte años subyugados por una idea corrosiva: dios, familia y propiedad! Salud dinero y amor! Sexo rock and roll y drogas!
Qué idea señores! Qué perfecto mecanismo! Culpa, castigo… el displacer. La sumisa reverencia; las manchas en el alma que solo pueden ser lavadas por el agua bendita!!! Cuánto temor!
Idiota y torpe Ratz! El abominable hombre de las mieles. Comiste anoche? Estás llevando al planeta a la destrucción! Mejor cállate y sigue engordando… Mete tú también los dedos en el cordero y ya sabes que hacer después.
Es por los niños idiota!. Es por los niños hambreados y harapientos a tu paso. De vientres hinchados; mutilados; muertos antes de morir, cubiertas las caritas de moscas, mensajeras de tu paz. “La mosca mensajera de la paz”. Hasta dónde piensan llegar? Vos y tus poderosos escuderos. La puta madre que te parió a vos y a todos tus antecesores, mensajeros de la discordia, guardianes del destructor!
De dónde sacaste esas ideas?
Cristianos, musulmanes, judíos. Pequeñas criaturas! Seguirán así: pequeñas criaturas atemorizadas, desamparadas. Aunque sumen mil millones a la infinita lista de asesinados; aunque extiendan su ola de mierda por cada rincón del globo, seguirán así: cerdos egoístas megalómanos, hijos predilectos de un dios desalmado.
Ustedes y sus amigos huelen mal! Es que el hedor de la miseria que van sembrando se les ha pegado al cuerpo, flácido y flatulento. Necios perezosos. Qué ven tus ojos? Visitaste la rivera del riachuelo? Viste llorar de hambre a Barbarita?
Que comiste anoche? Niños?
Niños idiota! Niños! Lo único por lo que realmente valía la pena estar aquí! Vos y tus amigos han abusado.
No les ha sido suficiente plagar la tierra de pequeños cadáveres? Mutilar sus cuerpitos? Envenenarles el alma? Arrojarlos a la calle? Enmudecerlos de pavor?
Y la propiedad? Y la familia? Y dios?
De cuántos infantes han abusado? A cuántos mandaron a morir? Cuántos miles trabajan para vos? Cuántas monedas les han enseñado a cargar? Cuánta discordia han sembrado en sus pesebres?
Muérete! Púdrete! Con los dedos metidos en el culo!

viernes, marzo 23, 2007

Catacumba

Voy a tratar de hacer de esto una tira... Veremos.
Para inaugurar; las dos primeras entregas!



1


La cárcel se ha convertido en una perspectiva posible y probable.
El deterioro irrefrenable y en aceleración carcome infatigablemente. En algún momento se me empezó a caer el pelo y después, de un pestañeo a otro, se me agrietó la piel. Una mañana frente al espejo, en camino al laburo.
En este momento Kitchner, vigotón, vigotín y Cristina, jeje; se engrasan los dedos en cordero y después se los meten en el culo mutuamente.
Quién les dio el mundo a estos giles,?
El amor?... Siempre escaso, insuficiente, incierto. Pasa, provocador; pero siempre vuelve a partir.
El vil metal es el latido. Marcha al ritmo de la hoz cortando cabezas.
Arto de presentar excusas. Desiste y relájate; estás perdido.
Tú, cándido gorrión. Ilusa criatura. Juntarás ramitas pero no podrás engarzarlas; nunca armarás el nido!
Primero se estropeó la compu. Después empezó a fallar seguido la gran camioneta. Todos teníamos algo de panza y podíamos comer casi todo lo que se nos antojaba.
No nos ayudes más! Por favor dios mio! No nos ayudes más!
Pocas cosas han sido permanentes en estos cuarenta años: Mi nombre. Y ese pavoroso estado melancólico que no cesa nunca!
Hacha y tiza; hacha y tiza con la tristeza.
Ya lo dijo algún griego: “Lo mejor que te pudo haber pasado, es no haber nacido”.
Es esa misma melancolía. Que es una sola, desde siempre. Y que se arrastra por el mundo a mares.
Todo es significativo; quitarle la propina al mozo para dársela a un mendigo. Pichulear 5 cvos. en el bondi.
No hay derecho.
El porno esta bien, pero aburre. Un amigo decía que la paja era el sexo perfecto… Puede ser, no? Pero mejor dos putas de Internet.
El sexo si es escaso. Más escaso que el amor quizás!.
Alguna noche drogado hasta el hartazgo, tan incapaz de acercarme a la chica, aunque ella se insinúe.
Cuánta crueldad en el diseño de la sique!... Está bien aplacarla.
“Vete de mi cuervo negro…Vete ya”
Cuando pasaste el “paquete por día”, estás frito. No volvés más.



2


El buey solo bien se lame. Pero este no es el caso.
Solo y sin un mango, José Luís repasa sus penas apoyado en el caño del 93 que vuelve lleno de hippies desde plaza Francia.
Domingo. Ya oscuro. El colectivo bambolea en el adoquín. Y todos cabecean.
Las chicas están hermosas. Jóvenes, animadas. De piel tersa y escotes henchidos.
José Luís las mira sin disimulo; hasta se atreve con una y le roza el muslo tierno. Por un momento se le detiene el corazón… y al cabo arranca excitado. Un leve roce, solo percibido por él y por la víctima, pone la mente de José Luís en blanco. La pibita se aviva y se escabulle mirándolo con asco… es divina!
José Luís se encorva y esconde la cara. Adiós su último intento.
Ya había recorrido la plaza sin éxito durante toda la tarde. Se había enamorado mil veces y otras mil había sentido esas erecciones.
Los escotes del verano, las botas… La increíble y arrolladora vitalidad despreocupada.
Hubiera dado cualquier cosa por un abrazo apasionado. En cambio, volvía solo una vez más a su cuchitril.
José Luís espía por el parabrisas y encara la puerta. Toca el timbre. Mientras espera siente la mirada de la piba pero no se atreve a voltear.
El colectivo frena acomodando el ganado y José Luís se baja en la refrescante bocanada de aire puro.
Desde la vereda gira y ve a la pibita arrojarle un beso largísimo desde adentro del bondi.
Camina hasta su departamento. Un monoambiente con balcón terraza en un octavo piso, hermoso; cuyo alquiler no paga desde hace meses.
Adentro un despelote. Ropa usada, la cama desecha. Pilas de platos sucios. José Luís tira sus cosas sobre otras cosas tiradas, y se echa en la cama. Enciende la tele. Que no sabe cómo, aún funciona!

lunes, julio 24, 2006


ABANDONADO EN ARGENTINA. ALGO INUTIL.
UN BUEN PRETEXTO PARA CARGAR LA CAMARITA!










K-ns 2006.

De alguna manera, la vuelta es un desbande.

Muchos quedan colgados en conexiones oportunas, en encuentros convenidos. Vacaciones pendientes, compromisos; en fin. Colgados.
Uno de los nuestros se cruzó con el Mado 06. El Madrid Orgullo. Una fiesta popular en la que miles de personas copan las calles de Chueca, Malasaña y en realidad; casi toda la ciudad y se la pasan de parranda desde la 5 del jueves hasta la noche del domingo.

Vienen de todo el mundo. Solos o acompañados; y la pluralidad y la tolerancia copan la parada. Se ven personajes extravagantes y algunos exotismos. Se ven freeks y curiosos. Miles toman las calles y se van aclimatando para el gran desfile final de sábado por la tarde; por La Gran Vía hasta Plaza España.
Estalla ahí un bullicioso hormigueo ebrio de euforia y le cantan al orgullo de ser gay.
Afiches, slogans, consignas, pancartas; todo, y todo el mundo, gay o no; siente por un momento lo bien que le vienen al mundo la tolerancia, la diversidad, el respeto y el buen humor.

Madrid hace bien en sentirse orgullosa!